La escritora palestina Maya Abu al-Hayyat presentó su novela Nadie conoce su sangre (Éter Ediciones, 2026), una obra que entrelaza el desarraigo familiar con la genética y la pertenencia, y que se sumerge en las preguntas eternas sobre la identidad del pueblo palestino. Nacida en Beirut en 1980, Abu al-Hayyat es autora de cuatro novelas, cuatro poemarios y una antología de cuentos infantiles, además de fundadora de la Asociación Palestina para la Escritura.
Una historia que tomó toda una vida
En conversación telefónica desde Jerusalén, la autora confiesa que esta novela la rondó durante años: “Como si fuera la historia que tenía que escribir para convertirme en una persona normal”. Aunque reconoce que hay muchas coincidencias personales, geográficas y políticas, insiste en que necesitó mucha imaginación para convertirla en una obra de arte. El proceso de escritura duró tres años y la dejó en un estado psicológico dañado, justo antes de convertirse en madre de gemelos.
La crudeza de su lenguaje le trajo dificultades con su familia e incluso con algunos lectores, pero el texto encontró un lugar especial en la narrativa palestina.
La trama: Yumana y el secreto familiar
La novela sigue a Yumana, una joven cuya familia se ha dispersado por países vecinos. El papeleo tras la muerte de su padre destapa una revelación inquietante: la duda sobre si realmente pertenece al árbol genealógico de un hombre que formó parte de la lucha armada, pero que también fue desastroso y prepotente en lo personal. La autora coloca la trama en lo más hondo del cuerpo de la protagonista para cuestionar los errores acumulados en las luchas de resistencia.
Territorio, identidad y genética se superponen como si fueran la misma cosa. La mirada de una niña sobre la OLP, la derrota de 1967, las estructuras masculinas y la corrupción genera preguntas que una voz adulta tal vez no podría formular. También es central la burla de la construcción identitaria que el padre impuso con violencia sobre la madre y las mujeres de la familia.
Polifonía de voces femeninas
Uno de los aciertos del texto es la polifonía: cada capítulo aborda un prisma del relato familiar y una época distinta. La hermana, la madre, la abuela y la tía van generando contrapuntos y espejos. La búsqueda del origen familiar lleva a Líbano, Jordania y Túnez hasta regresar a Palestina en un viaje circular de expulsión, dispersión y retorno.
Ese tránsito difumina la pregunta sobre la pertenencia familiar para dar paso a reflexiones sobre el papel de las mujeres en la lucha de liberación palestina, surgidas desde el interior del contexto histórico de la ocupación y no desde un marco occidentalizado que, en nombre del feminismo, acaba intentando despojarlas de su agencia política.
La identidad como cuestión eterna
Abu al-Hayyat señala que la lucha en torno a la identidad, real e imaginada, sigue siendo una cuestión eterna para los palestinos. “Nuestros enemigos nos han impuesto las identidades que han construido para nosotros. Han creado centros de detención, pasaportes y clasificaciones en función de aquello en lo que querían obligarnos a encajar. Pero siempre hemos resistido con una noción más amplia: ser palestino. Y en ella caben todos los amigos, todas las personas que creen en la justicia, la honestidad y la humanidad”, afirma.
La autora reflexiona sobre el heroísmo y el autosacrificio que a veces acompañaban esa identidad: “Creo que hemos empezado a perdonarnos a nosotros mismos. Creo que el simple hecho de seguir existiendo, de reír y de conservar nuestra capacidad humana y moral es suficiente para ser palestinos dignos”.
Reconocimiento internacional
La traducción al inglés, realizada por el investigador y profesor palestino Hazem Jamjoum, ganó los Palestine Book Awards en 2025. En el prólogo, Jamjoum explica que lo que más le impactó fue lo que el texto no era: “No es un texto que busque argumentar a favor de la humanidad de sus personajes, ni delinear la brutalidad del colonialismo y los derechos inalienables de los colonizados, no intenta ilustrar la crueldad del género o de cualquier otra forma de opresión. No fue escrito para mostrar la condición de víctima. No suplica. No ruega. Simplemente da por sentados los aspectos más grotescos del poder, y entabla su conversación con quien se reconoce ya dentro de esta lucha”.
Esta decisión dota de sentido colectivo y poder emancipador la obra de esta mujer polifacética y cercana.
Proyectos futuros
Maya Abu al-Hayyat continúa escribiendo una novela iniciada antes del genocidio, sobre la modernidad, el amor y las expectativas en la Palestina contemporánea. También trabaja en una segunda novela inspirada en Shireen Abu Akleh, periodista palestina asesinada por la ocupación israelí en Jenin el 11 de mayo de 2022, y en un poemario titulado Memorias de una mujer que quiere reír, un título que conecta el deseo personal con el derecho común a la vida.
“Me estoy obligando a seguir adelante, como un zombi que no siente ni ve nada, porque en este momento es la única manera de continuar. Hay seres humanos reales viviendo en condiciones horribles. Los están matando, desplazándolos y privándolos de agua y comida mientras siguen sintiendo dolor, calor, amor, añoranza y miedo ante las amenazas. A estas alturas, todo está tan claro que ya no necesitamos reflejarlo en nuestras obras artísticas ni contarle a occidente nuestro sufrimiento. Todo está a la vista ante las pantallas. Es una verdadera prueba para la humanidad, la justicia y los derechos. Por eso creo que ahora la cuestión está en manos del mundo. Y eso también da miedo, porque el mal ya no tiene nada que temer: ha quedado completamente al descubierto”, se despide desde Jerusalén.

