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lunes, 2 de noviembre de 2026
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Macario, 66 años después: la película que nos enseñó a hablar con la muerte

A 66 años de su estreno, Macario sigue vigente. La cinta mexicana que puso al Día de Muertos en el cine mundial y retrató la desigualdad.

Por Editor5 min de lectura0 comentarios
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Cortesía
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Pocas películas han logrado capturar la esencia de México frente a la muerte como Macario. Estrenada en 1960 y dirigida por Roberto Gavaldón, esta obra maestra del cine nacional cumple 66 años y sigue más viva que nunca. En un momento en que el Día de Muertos se ha vuelto un fenómeno global, gracias a producciones como Coco, vale la pena volver la mirada a esta cinta que, décadas antes, ya mostraba al mundo nuestra peculiar relación con la muerte.

Y es que Macario no es solo una película; es un espejo de nuestra identidad. Protagonizada por Ignacio López Tarso y Pina Pellicer, la cinta narra la historia de un hombre indígena que, en vísperas del Día de Muertos, sueña con comerse un guajolote entero para calmar el hambre que él y su familia padecen. Cuando finalmente lo consigue, Dios, el diablo y la muerte se le aparecen para pedirle que comparta su comida. Macario solo accede a compartir con la muerte, quien a cambio le otorga el poder de curar a los enfermos. A partir de ahí, la trama se sumerge en una reflexión sobre la vida, la desigualdad y la trascendencia.

Un hito en la historia del cine mexicano

Macario fue la primera película mexicana en ser nominada al Óscar a Mejor Película en Lengua Extranjera, y también compitió en el Festival de Cannes. Su impacto internacional puso los ojos del mundo en el cine local y demostró que las historias mexicanas podían resonar universalmente. Basada en la novela homónima de B. Traven, la película se adelantó por décadas a la fiebre animada por el Día de Muertos, y lo hizo con una narrativa madura y visualmente poderosa, a pesar del blanco y negro.

La fotografía de Gabriel Figueroa y la dirección de Gavaldón logran escenas oníricas que, aún hoy, resultan vibrantes. El pueblo de Taxco sirve de escenario para contrastar la belleza de las tradiciones con la crudeza de la pobreza en el México virreinal. Hay un tono celebratorio en varias secuencias, pero también una dolorosa realidad: la desigualdad que sigue siendo familiar en el México actual.

La muerte como compañera inseparable

Octavio Paz lo escribió en El laberinto de la soledad: “Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente”. Macario captura esa filosofía a la perfección. La muerte no es un tabú; es una compañera con la que se dialoga, se negocia y hasta se comparte la mesa.

Esa normalidad con la que el mexicano convive con la muerte es la que la película retrata sin juicios. Macario no teme a la muerte; la invita a sentarse a su lado. Y es que, como dice el dicho, “el mexicano vive con la muerte a flor de piel”. Esta visión, forjada del sincretismo entre las cosmovisiones indígena y católica, es la que hoy se exporta al mundo a través de las ofrendas, las catrinas y el cempasúchil.

Una vigencia que incomoda

Pero Macario no es una película reconfortante. Su vigencia no solo es cultural, sino también social. En 2024, el 35.4% de los mexicanos vivía en pobreza laboral, es decir, con un ingreso que no alcanzaba para cubrir la canasta alimentaria. Macario no sueña con riquezas ni con cambiar su destino: sueña con comer. Su pobreza no es un recurso narrativo, es la condición desde la que mira el mundo. Y esa imagen sigue resultando incómodamente familiar.

Revisitar Macario en tiempos como estos se siente paradójico, pero necesario. Nos encontramos con nuestras raíces, pero también con una realidad que no ha cambiado lo suficiente. La película nos devuelve el hambre, la desigualdad y la certeza de que la muerte es, al final, el único lugar donde las diferencias dejan de importar. Y, sin embargo, seguimos celebrándola.

El legado de Macario en la era global

Hoy, cuando el Día de Muertos se ha internacionalizado de forma exponencial (y se espera que la secuela de Coco llegue en 2029), mirar hacia atrás nos ayuda a entender que esta tradición sigue siendo nuestra. Macario fue pionera en mostrar al mundo la fascinante normalidad con la que el mexicano conversa con la muerte. Su influencia se extiende a producciones contemporáneas que, aunque con otros tonos, siguen explorando esa relación.

Para las nuevas generaciones, Macario es una oportunidad de conectar con las raíces y de reflexionar sobre temas que siguen vigentes: la desigualdad, la fe, la muerte y la identidad. No es solo una película de época; es una obra atemporal que nos invita a cuestionarnos quiénes somos y cómo enfrentamos nuestros miedos.

¿Dónde ver Macario?

Si aún no la has visto, o si quieres revivirla en estas fechas, Macario está disponible en varias plataformas de streaming y en funciones especiales durante la temporada de Día de Muertos. Es una cinta que, sin duda, dejará huella en quienes se atrevan a verla con ojos nuevos.

Así que ya sabes: este Día de Muertos, además de poner tu ofrenda y disfrutar del pan de muerto, date la oportunidad de sumergirte en esta joya del cine mexicano. Porque Macario no solo cuenta una historia; nos cuenta a nosotros mismos.