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¿Alguna vez te han dicho ‘pídete una cerveza y no seas maricón’? Esa frase, desafortunadamente común, revela cómo el alcohol está ligado a la masculinidad tradicional. En este artículo exploramos la relación entre género, consumo de alcohol y presión social, y por qué está perfectamente bien no beber.

Alcohol y masculinidad: un cóctel tóxico

La idea de que beber alcohol es sinónimo de hombría está profundamente arraigada. Desde pequeños, muchos hombres escuchan frases como ‘ya eres un hombre, ya puedes beber’. Iñaki Uribe, de 56 años, recuerda que su padre le incentivó a beber a los 12 años. A los 18 ya estaba alcoholizado. ‘Llegaba a casa borracho con las manos reventadas de haber golpeado a alguien y me felicitaban’, cuenta.

La publicidad ha reforzado estos estereotipos. En los años 70, un anuncio de coñac Soberano aconsejaba a las mujeres ser comprensivas con sus maridos y servirles una copa para evitar que se enojaran. En 2020, Brahma lanzó un anuncio que sugería que la cerveza no es para mujeres porque es amarga. Estos mensajes perpetúan la idea de que el alcohol es cosa de hombres.

El género condiciona el consumo

Según Ana Burgos, coordinadora del Proyecto Malva, ‘el género condiciona los consumos’. Los hombres beben más y de forma más pública, mientras que las mujeres suelen hacerlo en privado y son juzgadas con mayor dureza. Un estudio revela que el 76% de las mujeres que piden cerveza reciben el refresco que pidió su acompañante masculino, evidenciando la presunción de que los hombres beben alcohol.

Presión social y vergüenza

Adrián Gómez, técnico en drogodependencias, explica que pedir un refresco o jugo se ve como ‘aburrido, afeminado y débil’. Él mismo vivió la presión: ‘Un amigo me dijo: pídete aunque sea una cerveza, no me seas marica, que me da vergüenza pedir eso’. Términos como ‘nenaza’ o ‘marica’ se usan para cuestionar la virilidad de quienes no beben.

Mujeres y alcohol: doble sanción

Las mujeres enfrentan un juicio más severo. Si beben en público, son vistas como problemáticas; si lo hacen en privado, se ocultan por miedo al rechazo. Patricia Martínez Redondo, en su libro Extrañándonos de lo ‘normal’, habla de una ‘sanción doble’: ser mujer consumidora transgrede el rol femenino de sensatez y cuidado.

Según datos de 2020, el 14.2% de los hombres consume alcohol a diario, frente al 3.4% de las mujeres. Además, los hombres obtienen 6.7 puntos en la escala AUDIT (que mide alcoholismo), mientras que las mujeres solo 1.8. Esto refleja cómo el consumo excesivo está más normalizado en ellos.

Riesgos diferenciados

En contextos festivos, los hombres temen peleas o robos; las mujeres, agresiones sexuales. Un informe de Noctámbul@s revela que el 97% de las mujeres ha sufrido violencia sexual. Ana Burgos señala que el alcohol se usa para justificar la violencia masculina (‘estaba borracho, no sabía lo que hacía’), mientras que a las mujeres se les culpa (‘esto te pasa por beber’).

La masculinidad como construcción grupal

El abuso de alcohol es un ritual de validación masculina. ‘Quien bebe más chupitos, quien vomita más veces, demuestra su hombría’, dice Gómez. Iñaki Uribe recuerda: ‘Si con tres cervezas estaba borracho, me decían que era un mierdas’. Esta competencia por beber más refuerza la virilidad y legitima la violencia.

Además, el alcohol sirve como vía de escape para no mostrar emociones. ‘Ahogamos nuestros pensamientos para no ser catalogados de llorones’, explica Gómez. La guía ‘Hombres y adicciones’ señala que la autoafirmación masculina pasa por no pedir ayuda y endurecer el carácter.

Está bien no beber

Romper con estos estereotipos es posible. Cada vez más hombres eligen no beber o reducir su consumo sin sentirse menos hombres. La clave está en cuestionar los mandatos de género y priorizar la salud y el bienestar. Recuerda: tu valía no depende de lo que bebas.

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Por Editor

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