Imagen ilustrativa

En su nuevo libro Nadie me esperaba aquí, la periodista y escritora Noelia Ramírez aborda temas como la vergüenza de clase, el desclasamiento y el duelo desde una perspectiva íntima y política. La autora, que creció en un barrio obrero de Esplugues de Llobregat, cuenta cómo tuvo que aprender a moverse entre mundos: en su barrio era “la pija”, en la universidad era “la de barrio”. Esa sensación de no pertenecer a ningún lado la llevó a explorar el concepto de “umbral”, ese espacio indefinido donde muchas personas se encuentran.

La vergüenza de clase como motor

Ramírez explica que la vergüenza de clase no es algo negativo en sí mismo, sino que puede ser transformadora. “Sin vergüenza no hay orgullo, y sin orgullo no hay un nuevo discurso”, escribe. Para ella, episodios de humillación por su origen la ayudaron a construir su identidad y su rabia, que canaliza en su escritura.

El desclasamiento como amnesia autoinfligida

La autora rechaza la etiqueta de “tránsfuga de clase” y prefiere hablar de desclasamiento: un proceso en el que intentas olvidar tu origen para encajar en otro entorno, pero que al final se convierte en un viaje de ida y vuelta. “No se trata de traicionar tu clase, sino de entender que siempre llevas contigo ese bagaje”, señala.

El duelo como cuestión de clase

Ramírez también aborda el duelo por la muerte de su madre, quien falleció de cáncer en solo cuatro meses. La experiencia en el hospital la hizo reflexionar sobre cómo las condiciones materiales influyen hasta en la muerte. “Morirse en la sociedad capitalista puede ser muy cruel”, afirma. No es lo mismo morir acompañado, en casa, que solo en un pasillo de hospital.

La escritura como privilegio

La autora cuestiona quién puede permitirse ser escritor. “No se habla suficiente de dinero”, dice. Mientras algunas personas pueden dedicarse un año a crear, otras tienen que luchar por tener tiempo y recursos para escribir. Para ella, poner sobre la mesa estas condiciones es una forma de resistencia.

La autenticidad en tiempos de marketing

Ramírez critica cómo el mercado exige autenticidad a los creadores, pero solo valora ciertas voces. “Pensamos que el carismático es más auténtico, pero el discurso de redes está muy estudiado”, advierte. En ese juego, las mujeres y las personas de clase trabajadora tienen que esforzarse el doble para ser escuchadas.

Otros artículos relacionados:

Por Editor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *