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En una entrevista con Efeminista, la autora navarra Julia Montejo, conocida por su novela La hija del sordo, reflexiona sobre el silencio, la maternidad, la violencia machista y el papel del arte en la vida de las mujeres. Con una mirada aguda y sensible, Montejo aborda temas que resuenan profundamente en la actualidad.

¿Quién es Amada?

Amada es la protagonista de la novela. Nace en un caserío aislado en la Vasconia profunda, con un padre sordo que teme quedarse fuera de la familia. Por eso, en su hogar están prohibidas las palabras. La madre pronto se da cuenta de que eso no puede ser, y Amada aprende a conocer el mundo a través de todos los sentidos excepto la palabra.

El silencio como espacio de aprendizaje

El silencio es fundamental en la obra porque permite un espacio donde se deben utilizar otros sentidos para aprender. Montejo explica: “Aprendemos a través de las cosas que nos enseñan, construimos pensamiento a partir de la palabra, pero al mismo tiempo la palabra nos limita, a través de ella nos mentimos, nos tratamos mal. Aprender el mundo a través de otros sentidos pone de manifiesto que no tener un sentido no es una discapacidad, porque otros se ven potenciados”. Para Amada, esto es una oportunidad para desarrollar talentos que en condiciones normales no hubiera podido desarrollar.

Las palabras y el teatro para Amada

Amada se convierte en una alquimista de los sentidos. Las palabras pueden ser límites, pero también son necesarias para ordenar el mundo y encontrar nuestro lugar en él. Durante el libro, hay una conquista del mundo de la palabra que convierte a Amada en la persona que es. Sin embargo, todo lo que ha quedado soterrado durante su infancia se manifiesta como algo más importante en la construcción de su identidad.

La importancia de las mujeres en la novela

Montejo señala que las mujeres, especialmente las que aspiraban a una vida artística, han tenido que ponerse un disfraz normativo para no ser atacadas por sus ansias de libertad. “Las historias de las mujeres han sido mucho más interesantes de lo que creemos, porque ellas mismas no se han proyectado de manera tan normativa”.

Violencia machista y maternidad

La violencia en la novela está muy relacionada con la maternidad. Montejo se pregunta si las mujeres siempre han querido ser madres. “Un grupo muy pequeño querían, tenían que serlo porque si no, no eras una mujer completa. Ser mujer implicaba ser madre. Han tenido muy poco margen de maniobra para decidir sobre su maternidad”. La violencia ha estado relacionada muchas veces con tener un hijo, y eso es algo que todavía no se acepta: que la maternidad no es el fin último de una mujer.

El origen de la novela

La hija del sordo tiene muchos principios, todos basados en preguntas que Montejo se hace. “Las novelas son una especie de diario”. Uno de los temas más importantes es cómo se construye el pensamiento. “Estamos en un momento en el que intentamos recuperar el placer de sentir. El cuerpo de las mujeres ha dejado de ser un obstáculo para la creación”. Montejo explica que las feministas del siglo XX, como Simone de Beauvoir, veían el cuerpo como un obstáculo, pero ahora se mira de otra manera: “como un vehículo que puede potenciar nuestra creatividad, nuestro entendimiento del mundo”.

El arte como sanación del trauma

El arte es algo que las mujeres llevan consigo, lo necesitan para ordenar el mundo. “Cuando vas a cualquier casa y te das cuenta de quién ha colocado los cuadros, quién ha puesto la casa bonita, quién ha cocinado con amor… todas esas cosas las han hecho las mujeres históricamente”. Para Amada, el arte es encontrar ese lugar que no ha tenido. Montejo concluye: “La necesidad que tenemos las mujeres de arte y cultura explica que seamos las que más estamos en museos, exposiciones, talleres literarios. El arte es una comunicación ordenada que nos ayuda a dar sentido”.

El reto de escribir sin palabras

Montejo confiesa que el mayor reto fue construir una historia sostenida sobre sentimientos y sensibilidad, donde la palabra no fuera lo importante. “Es mi obra más especial porque es un reto: construir una novela lírica, con espacios para que las lectoras y lectores la llenen con sus propias experiencias. Contar una novela que parte de un mundo sin palabras y al mismo tiempo hacer que la palabra sea algo bello y emocionante”.

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Por Editor

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