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La Casa Blanca de Donald Trump siempre ha tenido una relación complicada con la prensa, pero en su segundo mandato, el equipo de comunicación ha llevado esta tensión a un nivel completamente nuevo. Con la salida de Karoline Leavitt, la joven y ambiciosa secretaria de prensa, el panorama se vuelve aún más interesante. Leavitt, quien anunció su partida a principios de mes, deja un legado de profesionalismo entre bastidores, pero también de una beligerancia pública sin precedentes. Ahora, Steven Cheung, el director de comunicaciones, se perfila como la figura más prominente del equipo, y los periodistas ya tiemblan ante lo que viene.

Un equipo que refleja el estilo de Trump

El equipo de comunicación de Trump en su segundo mandato es más combativo, más troll y más ‘online’ que nunca. Un periodista de la Casa Blanca lo describe como la ‘barstoolización’ de la oficina de prensa, en referencia al sitio web de deportes y cultura pop conocido por su tono provocador. Este equipo opera como una extensión pura del id de Trump: ven su trabajo como una campaña constante, y lo que el jefe quiere es atacar a los medios.

La estrategia de la provocación

Steven Cheung, quien tomará el relevo como principal vocero, ha sido el epítome de esta táctica. Ha llamado ‘perdedor’ a un exfuncionario, ha insultado a periodistas con comentarios como ‘vibraciones de cuck beta’ y ha ridiculizado a The New York Times. Incluso ha llegado a sugerir que quienes se oponen al arco triunfal de Trump tienen penes pequeños. Este comportamiento no es casualidad: es una estrategia deliberada para desviar la atención y mantener a los medios a la defensiva.

El papel de Karoline Leavitt

A pesar de su imagen pública combativa, Leavitt era la intermediaria clave entre la administración y los periodistas. Fuentes internas revelan que, fuera de cámara, era encantadora, divertida y chismosa, y que su profesionalismo ayudaba a evitar que las hostilidades rutinarias se convirtieran en caos. ‘Me gusta Karoline’, dice un reportero de la Casa Blanca. ‘Es una persona completamente diferente a la que ves en el podio’. Leavitt siempre estaba en las reuniones, conocía las decisiones y tenía acceso directo al presidente, lo que le permitía trabajar eficazmente con los medios.

La relación con la prensa: ¿amor y odio?

Detrás de la fachada agresiva, el equipo de Leavitt mantenía una relación profesional y útil con los periodistas. Respondían a las más de 200 solicitudes diarias de información, y aunque a veces eran punitivos con los reporteros que publicaban primicias no deseadas, en general entendían la necesidad de hablar con la prensa. Un exfuncionario de Biden admite que los periodistas le decían que el equipo de Trump era mucho mejor para trabajar que el de Biden, que hacía la vida difícil a los reporteros.

El nuevo orden: Steven Cheung al mando

Con la partida de Leavitt, Cheung se convierte en el principal oficial de comunicaciones. Los periodistas temen que su estilo pueril y combativo empeore las cosas. Cheung ha llamado a un periodista ‘pequeño hijo de puta’ en un texto, y ha dicho que un liberal influencer ‘podría disfrutar’ una nalgada. Además, el equipo de prensa ha adoptado la costumbre de poner apodos despectivos a los reporteros, como ‘Garrett Fake’ para el corresponsal de NBC, Garrett Haake, o ‘Cabeza de Alien’ y ‘Cara de Cerdo’ para dos reporteras durante la campaña de 2024.

Restricciones y control

Este equipo también ha tomado medidas para restringir el acceso de los periodistas. Han prohibido la entrada a la ‘Upper Press’ sin cita previa, han eliminado a la Associated Press de los eventos y han inundado la sala de prensa con influencers pro-Trump, dando a las ruedas de prensa un aire de Pionyang. Los periodistas ahora tienen más dificultades para obtener información de última hora, y el ambiente es más hostil que nunca.

¿Qué sigue para la prensa?

La salida de Leavitt deja un vacío que será difícil de llenar. Durante su baja por maternidad, el equipo de Cheung fue descrito como un ‘desastre total’, con periodistas que luchaban por obtener respuestas. Ahora, con Cheung al frente, la situación podría empeorar. Los periodistas temen que la Casa Blanca se vuelva aún más impredecible y combativa, y que la ya tensa relación con los medios se rompa por completo.

Mientras tanto, Leavitt aún tiene unas semanas en el cargo, y ya se ven los primeros signos de la nueva dinámica. Esta semana, la cuenta oficial de la Casa Blanca atacó a una reportera de CNN por una pregunta sobre Natalie Harp, una asistente de Trump, llamándola ‘deshonra’ y ‘vergüenza humillante para su profesión’, e incluso mencionando a sus hijos. Se dice que Leavitt se opuso a esta publicación, pero no logró que la eliminaran. Esto da una idea de lo que viene: una guerra total contra los medios, sin cuartel.

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Por Editor

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