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sábado, 31 de octubre de 2026
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Juan del Val y Nuria Roca: su refugio rural en Candeleda

Juan del Val confiesa cómo fue comprar su casa de campo en Candeleda con Nuria Roca. Un refugio rústico con piscina y vistas a Gredos tras ganar el Planeta.

Por Editor4 min de lectura0 comentarios
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Cortesía
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Hay decisiones que se toman con el corazón aunque la cabeza dude. Eso es justo lo que le pasó a Juan del Val cuando Nuria Roca le propuso comprar una casa de campo en Candeleda, un pueblo de Ávila a poco más de una hora de Madrid. El escritor, que se define como un urbanita convencido, no las tenía todas consigo. Pero al final, como suele pasar en las mejores historias, ella tenía razón.

Un refugio entre la sierra de Gredos y el valle del Tiétar

Candeleda no es un lugar cualquiera. Se extiende entre el valle del Tiétar y las primeras estribaciones de la sierra de Gredos, un enclave que enamora por sus paisajes diversos y su riqueza natural. Pero si hay algo que lo hace especial es su microclima suave: inviernos más llevaderos y una luz que invita a la calma. Allí, la pareja encontró el rincón perfecto para desconectar de la rutina y sentirse a gusto.

La compra llegó pocos meses después de que Juan del Val ganara el premio Planeta, un galardón dotado con un millón de euros. Ese impulso económico permitió que el sueño de Nuria se hiciera realidad: una vivienda para retirarse de vez en cuando, lejos del ritmo frenético de la ciudad.

«Yo soy muy urbanita», confiesa el escritor

El propio Juan del Val lo contaba entre risas a Vanitatis: «La última inversión me generó más dudas que a mi mujer. Ella quería una casa en el campo y yo soy como Woody Allen, que no me gustan los mosquitos. Yo soy muy urbanita». A pesar de sus reticencias, no tardó en reconocer que había sido una muy buena compra. Y es que, a veces, dejar que la intuición de tu pareja tome las riendas sale mejor de lo esperado.

La casa no es de nueva construcción, sino una vivienda reformada que conserva las líneas arquitectónicas tradicionales de la zona. En ella, la piedra y la madera son las grandes protagonistas, creando una estética rústica que convive con elementos contemporáneos. El resultado: una casa con mucho carácter, donde tradición y modernidad se dan la mano en perfecto equilibrio.

Así es la casa: madera, piedra y mucha luz

En el exterior, los muros robustos se combinan con grandes ventanales para aprovechar al máximo la luz natural. Pero si hay un espacio que destaca por encima del resto, ese es el porche. Un lugar pensado para disfrutar de comidas interminables y sobremesas con amigos, esas que se alargan hasta que el sol se esconde tras la sierra.

Dentro, los espacios abiertos y diáfanos son los reyes. Cada detalle parece elegido con mimo para crear una decoración con personalidad. La madera está presente en numerosos muebles de inspiración campestre, que conviven con piezas antiguas recuperadas, lámparas de fibras naturales y textiles en tonos cálidos y vibrantes. Una mezcla de estilos que aporta calidez y un aire acogedor a cada estancia.

Un jardín con piscina y vistas a Gredos

Pero lo que realmente hace mágico este lugar es el entorno. La naturaleza lo envuelve todo y crea una atmósfera evocadora en la que el reloj parece detenerse. La finca cuenta con una amplia zona exterior en la que se alternan rincones de inspiración mediterránea, praderas silvestres y árboles autóctonos. Un espacio privilegiado para tumbarse al sol, dar largos paseos o, por qué no, encontrar la inspiración para escribir una nueva novela.

Y como no podía ser de otra manera, el jardín tiene su propia protagonista: una piscina de obra situada en un espacio abierto. Su ubicación permite disfrutar de muchas horas de sol y, al mismo tiempo, contemplar unas vistas despejadas de las cumbres de la sierra de Gredos. Un lujo al alcance de pocos.

El estilo de Nuria Roca y Juan del Val

La pareja, que lleva años compartiendo pantalla y vida, ha demostrado tener un gusto exquisito para la decoración. Su casa de Candeleda es un reflejo de su personalidad: acogedora, natural y con un toque de sofisticación sin pretensiones. Muebles de madera noble, tejidos naturales, colores tierra y detalles vintage que cuentan historias. Un estilo que bien podríamos llamar «rustic chic» y que está al alcance de cualquiera que sepa mezclar lo viejo con lo nuevo.

Si algo nos enseña esta historia es que, a veces, salir de la zona de confort (y de la ciudad) tiene recompensa. Nuria lo sabía, y Juan, aunque con dudas, se dejó llevar. Ahora disfrutan de un refugio que es pura inspiración.