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viernes, 6 de noviembre de 2026
farandula

James Blunt: lo que la guerra le enseñó sobre escuchar

James Blunt lanza 'Airplane Mode' y reflexiona sobre la guerra de Kosovo: la importancia de escuchar al otro para coexistir. Entrevista exclusiva.

Por Editor9 min de lectura0 comentarios
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Cortesía
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Hay artistas que aparecen en un momento clave de tu vida y con una canción conectan ese cable que tenías suelto por dentro. O simplemente suenan de fondo en ese instante que, por alguna razón, se queda grabado para siempre. Así empieza una historia eterna entre el músico y tú, cuando le das una de las plazas privilegiadas en tu archivo interno imborrable. Ese que se abre de par en par cada vez que escuchas los primeros acordes de esa canción. Hay cantantes con una habilidad única para colarse en ese espacio reservado, y James Blunt (Wiltshire, Inglaterra, 1974) es uno de ellos. Temas como You’re Beautiful, Monsters, 1973 o Goodbye My Lover suman más de 10.000 millones de reproducciones en streaming y forman parte de la banda sonora vital de tantas personas en el mundo que impresiona y emociona. También a él. “Me conmueve que los seres humanos, independientemente de nuestra raza, religión, género u orientación sexual, compartamos emociones. Yo canto sobre mis propios sentimientos y experiencias, y es mágico que personas que viven en realidades completamente distintas se identifiquen con ellos. Creo que la razón es la honestidad, que escribo canciones sobre lo que es de verdad”, asegura.

James es extremadamente educado, reservado sin que esto limite su simpatía, prudente aunque no escurridizo, sensible a pesar de la crudeza de algunos episodios de su vida: desde su participación en la guerra de Kosovo, cuando servía como oficial en el ejército británico, hasta la grave enfermedad renal de su padre, que superó gracias a un trasplante. “Monsters habla precisamente de ese momento, cuando pensaba que mi padre se iba a morir, pero llegó el donante y salió bien. Y eso fue lo más bonito que nos pasó, esa persona que donó el riñón, un ser humano increíblemente generoso. Luego todos me preguntaban cómo estaba mi padre, pero para mí era igual de importante cómo se encontraba el donante, porque es un acto de humanidad extraordinario”, explica emocionado.

Son precisamente eso, las emociones humanas, que tanto repite durante esta conversación, el hilo conductor de Airplane Mode, su octavo álbum de estudio, que acaba de publicar este 6 de noviembre. Lo componen un total de 11 canciones –o historias– que reflejan el colorido y sorprendente viaje de la vida.

El modo avión: una invitación a desconectar

El título de Airplane Mode (Modo avión), ¿es una llamada a la necesidad de vivir en esa frecuencia? “Se parece en muchos aspectos a la idea de mi primer álbum, Back To Bedlam, que trata sobre la locura, la soledad mental y el aislamiento que todos sentimos como individuos. Y Airplane Mode es casi lo mismo: cuando desconectas del mundo exterior, apagas el ruido y te quedas a solas contigo mismo y tus pensamientos, esperanzas, miedos, inseguridades, fracasos… Y, con suerte, también con las cosas que te aportan felicidad y paz. Y aunque en este mundo tanto la política como las redes sociales nos aíslan y resaltan nuestras diferencias, en realidad, las emociones humanas son muy similares. Es lo que espero haber captado, porque me propuse escribir un álbum que fuera lo más honesto y auténtico posible, que reflejase esos momentos en los que te alejas de un grupo de gente, entras en el baño, te miras al espejo y tienes una conversación sincera contigo”, reflexiona.

¿Qué le dice al James del espejo cuando está solo? “Desde que soy un idiota y reprocharme mis errores, hasta lo orgulloso que estoy de lo que he conseguido. Hay conversaciones que únicamente tienes cuando estás solo, mirándote. Es lo que me sirvió de inspiración para este disco. En muchos sentidos da miedo sacar ese tipo de canciones, porque la gente sabrá quién eres realmente y esa no siempre es la versión más bonita de ti, pero debes ser honesto”.

Reencuentro musical y autenticidad

En un punto de su carrera, que suma más de 20 años, reconoció sentirse perdido. ¿Se ha reencontrado? “Lo estuve, sí, en el sentido musical. Tuve un éxito increíble con mi primer álbum y también con el segundo, All The Lost Souls. Y era cuando me sentía más solo y aislado, a pesar de todo el reconocimiento mundial. Desde entonces he estado intentando repetir ese triunfo, lo que te puede llevar a esforzarte por complacer a los demás, olvidándote de ti mismo. Con este trabajo me dije: ‘No voy a escribir canciones para los demás. Ni para la emisora de radio, ni para el sello discográfico, ni para el público. Es para mí mismo’. Quizás porque estoy en una edad en la que ya me puedo permitir eso, pensar sólo en la música, sin tener que mirar el negocio. Mi recopilatorio de grandes éxitos salió hace unos años, así que estas canciones no van a ir ya en él (risas)”.

¿No le interesa entrar en las listas de los más vendidos? “Mentiría si te dijese que me da completamente igual. Las miro, porque quiero saber la opinión de la gente, que me escuchen y se sepan mis canciones, pero los rankings ya no son el gran indicador, porque no tienen en cuenta las reproducciones, que es lo que realmente cuenta para llegar al público. Así que me quedo con los comentarios de la gente que ha escuchado este disco y me ha dicho: ‘Quizás sea tu mejor álbum’. Y yo estoy de acuerdo. Creo que musicalmente lo es”.

¿Qué les diría a los que le pusieron la etiqueta de «artista de un solo éxito» después de You’re Beautiful? “Me sigue pareciendo curioso que alguien pueda hacer esa afirmación. No me la tomo en serio. Eso fue hace más de 20 años y sigo aquí. Es lo que cuenta”.

En este disco hay mucho del pop de los 90 y 2000. En tiempos del boom de lo urbano y del reguetón, ¿esos sonidos siguen imperando en su cabeza? “Es la música que me atrae, así que en un mundo de IA, en el que todo está informatizado y se ha quitado el toque humano, este álbum vuelve a lo auténtico. Y quizá eso se refleje en la música de los 90 y los 2000, porque es cuando empecé y probablemente ahí está mi corazón. Por eso me fui a grabarlo a un estudio del norte de Oxford, a un lugar llamado Banbury, donde, aunque los productores con los que trabajaba usaban el computadora, yo cogía las canciones y les daba una vuelta con mi banda, para añadir ese aire humano de nuevo y trabajar como en aquellos años. Pero también escucho otras cosas, ¿eh? Vivo en Ibiza parte del año y es porque me encantan las discotecas”.

Ibiza, música y conexión humana

¿Cómo empezó su relación con esa isla? “Viajé allí cuando era un adolescente, pasé por delante de Pachá y dije: ‘Algún día sonaré aquí’. En mi segundo disco hay una canción, 1973, por el año en el que abrió esa discoteca. Me gusta tanto Ibiza que me compré una casa y me han pasado cosas increíbles. Una noche, en Pachá, el DJ Pete Tong remezcló esa canción. ¡Imagínate, estar en mi club favorito escuchando una canción que escribí sobre él! La verdad es que escucho todo tipo de música, porque cuando estoy en Inglaterra, Ibiza o Suiza (donde paso algunos meses al año, porque adoro la montaña y la nieve) pongo la radio y me dejo llevar. Me gusta descubrir. Es como en la cocina, que te pueden encantar cosas muy diferentes”.

¿Le gusta la gastronomía? ¿Es cocinillas? “Se me da mejor fregar los platos (risas). ¿No te atreves ni en tu pub, The Fox & Pheasant? Es mejor que los cocineros se encarguen de eso, de verdad (risas). Me encanta tener un pub. Está en el barrio de Chelsea, en Londres, y siento que ahí ocurre lo mismo que con la música, que gente completamente diferente se une con un mismo objetivo: compartir unos con otros y disfrutar juntos unos momentos. Y en estos tiempos de polarización, en los que se empeñan en separarnos en bandos, que parecemos incapaces de entender el punto de vista del otro, es vital volver a conectar, porque si no todo acabará en conflicto. Yo lo comprobé cuando estuve en la guerra de Kosovo. Había dos bandos que se estaban matando porque no se escuchaban y así es imposible entenderse. Hay que escuchar la otra versión y coexistir, respetarnos, tener compasión, humildad… Eso nos hace humanos. Y la música es un buen ejemplo. Nos demuestra que podemos emocionarnos juntos y saltar codo con codo, aunque seamos bien distintos”.

Lecciones de vida y estilo

James Blunt no solo es un músico exitoso, también es un hombre que ha sabido transformar sus experiencias más duras en arte. Su paso por el ejército y su participación en la guerra de Kosovo le dejaron una profunda convicción: la necesidad de escuchar al otro. “Hay que escuchar la otra versión y coexistir, respetarnos, tener compasión, humildad… Eso nos hace humanos”, afirma. Una lección que aplica tanto a su música como a su vida diaria, y que ahora comparte en su nuevo álbum, Airplane Mode, una invitación a desconectar del ruido exterior y conectar con uno mismo.

Para las mujeres modernas que buscan inspiración, la historia de James Blunt es un recordatorio de que la autenticidad y la vulnerabilidad son fortalezas. En un mundo saturado de imágenes perfectas y vidas filtradas, él reivindica la belleza de lo imperfecto, de las conversaciones frente al espejo, de los momentos de soledad que nos permiten reencontrarnos. Su música, siempre honesta, sigue tocando fibras porque habla de emociones universales: el amor, la pérdida, la esperanza y la resiliencia.

Así que la próxima vez que escuches You’re Beautiful o Monsters, recuerda que detrás de esas notas hay un hombre que ha vivido, ha sentido y ha aprendido que, al final, lo que nos une es más fuerte que lo que nos separa. Y que, como él dice, “hay que escuchar al otro, es la única manera de coexistir”.