La violencia extrema deja marcas que van mucho más allá de lo visible. Así lo advierte Médicos Sin Fronteras (MSF) en su más reciente iniciativa multimedia: el cortometraje animado El trauma habla a través del cuerpo, presentado en la Ciudad de México. A través de la historia de Tamara, una mujer hondureña sobreviviente de tortura y violencia sexual, el filme busca visibilizar las secuelas psicológicas y físicas que persisten años después de los hechos.
Un cuerpo que sigue en alerta
Dora Morales, psicóloga del Centro de Atención Integral (CAI) que MSF gestiona en la capital mexicana desde 2017, explica que las personas que sobreviven a violencia extrema pueden seguir reaccionando como si estuvieran en peligro mucho tiempo después. “El cuerpo habla a través de síntomas como insomnio, pesadillas, recuerdos intrusivos o la sensación de que algo malo va a pasar”, señala Morales en entrevista.
Estas secuelas no solo afectan a la persona, sino también su relación con otras personas, su capacidad de cuidar de otros y de realizar sus actividades cotidianas. La especialista subraya que el trauma se manifiesta en el cuerpo y en la conducta, y que es fundamental atenderlo de manera integral.
El corto: una ventana a la fragmentación del trauma
Dirigido por Reinaldo Mendoza, de Biota Studios, el cortometraje de tres minutos entrelaza escenas de la vida de Tamara con la silueta de una mujer y manchas de colores que representan el dolor, la violencia y el trauma. “Los recuerdos de una experiencia traumática aparecen por fragmentos, sin un orden cronológico”, detalla Mendoza. Ese desorden es intencional: busca representar la disociación entre cuerpo y mente para que el público “lo sienta”.
En el corto, Tamara narra desde el inicio de su viaje migratorio (“No conocía qué era migrar, no sabía los peligros que podía pasar”) hasta el miedo posterior: “Yo no aceptaba que nadie se me acercara porque ya estaba agarrando la mochila con presión”. Según Morales, al llegar al CAI Tamara caminaba encogida, abrazaba constantemente su mochila y evitaba el contacto visual, señales de un estado de alerta que puede persistir durante años.
Atención integral para sobrevivientes
Tamara es una de las 1,205 personas atendidas desde 2017 en el CAI, en su mayoría migrantes, refugiados y desplazados que han sufrido violencia extrema en México, según datos de MSF. Desde 2024, el centro también atiende a población mexicana, que representa el 26% de los pacientes recibidos desde entonces. Además, muchos de sus pacientes migrantes ya están establecidos en el país.
Morales destaca que el proyecto busca resaltar el proceso de recuperación que pueden vivir los pacientes y la importancia de que reciban un tratamiento adecuado. Tras el tratamiento, Tamara recuperó “su funcionalidad, su motivación, sueños, ideas” y logró establecerse en un tercer país, después de haber sufrido en México, según su testimonio, persecución y tortura. “Soy una mujer fuerte, luchadora. Nadie me ha podido quitar mi dignidad”, dice al final del corto.
Un llamado a la visibilización
La presentación del cortometraje también sirvió como plataforma para recordar la urgencia de atender la salud mental de las víctimas de violencia. En un contexto donde las mujeres enfrentan múltiples formas de agresión, iniciativas como esta buscan romper el silencio y ofrecer esperanza.
El corto está disponible en las plataformas de Médicos Sin Fronteras y se espera que se difunda en diversos espacios para generar conciencia sobre las marcas invisibles de la violencia.

