La Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha puesto sobre la mesa un tema que durante años ha sido tabú en el ámbito laboral: la menopausia. La organización exige que esta etapa se reconozca como una cuestión laboral en la legislación europea y advierte que sus efectos están directamente relacionados con la brecha salarial y de pensiones entre hombres y mujeres.
Según la CES, alrededor del 30% de las mujeres sufren síntomas que afectan su capacidad para trabajar, como fatiga, falta de concentración, problemas de sueño, sofocos, dolores articulares o ansiedad. Estos malestares no solo impactan su día a día, sino también su desarrollo profesional y económico.
El impacto económico de la menopausia
La organización cita varios estudios para respaldar su demanda. Uno de los datos más contundentes es que los ingresos de las mujeres caen un 7.4% en los cuatro años posteriores al diagnóstico de la menopausia. ¿La razón? La reducción de jornada, las bajas laborales y la pérdida de oportunidades de ascenso.
Isabelle Schömann, secretaria general adjunta de la CES, fue clara al respecto: “El tabú en torno a la menopausia en el trabajo debe acabar. La pérdida de salario, de ascensos y unas pensiones más bajas es el precio que pagan millones de mujeres por no haber adaptado el trabajo a la menopausia”.
La CES subraya que el impacto de esta etapa vital está “en gran medida sin reconocer” en las políticas de la Unión Europea, ya que no existe una legislación armonizada y la Comisión Europea no tiene previsto elaborar una estrategia al respecto.
¿Qué medidas proponen?
La Confederación Europea de Sindicatos no se queda solo en el diagnóstico, sino que plantea una serie de acciones concretas para que las empresas y los gobiernos adapten el entorno laboral a las necesidades de las mujeres en esta etapa. Entre sus demandas destacan:
- Evaluaciones de riesgos laborales que incluyan la menopausia, considerando aspectos como temperatura, ventilación e instalaciones.
- Flexibilidad horaria y teletrabajo para que las mujeres puedan gestionar sus síntomas sin afectar su desempeño.
- Formación para directivos, recursos humanos y plantilla en general sobre cómo abordar la menopausia en el trabajo.
- Políticas pactadas con los sindicatos, aplicadas y supervisadas para garantizar su cumplimiento.
- Adaptaciones físicas en el puesto de trabajo, como ajustes de temperatura o mobiliario ergonómico.
- Permisos retribuidos por síntomas sin penalización, para que las mujeres no tengan que elegir entre su salud y su salario.
- Productos menstruales y de menopausia gratuitos en el lugar de empleo.
“Demasiadas mujeres tienen que perder salario o abandonar el empleo porque se ha pensado muy poco en algo que vive la mitad de la población”, afirmó Schömann. Además, señaló que muchos sindicatos ya están trabajando en convenios colectivos que incluyen ajustes de temperatura o fórmulas de trabajo flexible, y reclamó que la ley, “orientada a empleos dominados por hombres”, se adapte a la realidad de toda la plantilla.
Un problema de salud que también es laboral
La menopausia es una etapa natural en la vida de las mujeres, pero sus síntomas pueden ser debilitantes si no se manejan adecuadamente. Un dato revelador: el 74% de las mujeres no consulta ni demanda tratamiento hormonal para los síntomas de la menopausia, aunque cada vez hay más información y se ha superado “la hormonofobia” surgida a raíz del estudio WHI, que hace más de 20 años asoció la terapia hormonal a un aumento del cáncer de mama.
Este silencio en torno al tratamiento también se refleja en el ámbito laboral, donde muchas mujeres sufren en silencio por miedo al estigma o a represalias. La CES busca romper ese tabú y garantizar que las mujeres puedan hablar abiertamente de sus necesidades sin temor a ser discriminadas.
¿Qué pasa en América Latina?
Aunque la noticia se centra en Europa, el tema es relevante para México y Latinoamérica, donde la brecha de género y la falta de políticas de conciliación son desafíos pendientes. En países como México, las mujeres enfrentan obstáculos similares: falta de flexibilidad laboral, escasez de permisos por salud y una cultura que aún ve la menopausia como un tema privado del que no se habla en la oficina.
La experiencia europea puede servir como referencia para que en la región se comience a legislar sobre la menopausia en el trabajo. De hecho, algunas empresas ya están implementando medidas como horarios flexibles y espacios de descanso, pero aún falta un marco legal que garantice estos derechos para todas.
El camino hacia un trabajo inclusivo
La demanda de la CES no es un capricho, sino una necesidad urgente. Con una población que envejece y una mayor participación de mujeres en el mercado laboral, ignorar la menopausia es ignorar a una parte importante de la fuerza de trabajo. Adaptar los empleos a esta realidad no solo beneficia a las mujeres, sino también a las empresas, que pueden retener talento y mejorar la productividad.
Como dijo Schömann: “El tabú en torno a la menopausia en el trabajo debe acabar”. Y razón no le falta. Es hora de que la menopausia deje de ser un tema incómodo y se convierta en una prioridad en las políticas laborales, tanto en Europa como en América Latina.

