Ana Peleteiro, la reconocida atleta española, ha conmovido a sus seguidores al abrir su corazón y compartir la compleja realidad que vive en su familia ensamblada. A través de sus redes sociales, la deportista habló sin filtros sobre los desafíos emocionales que enfrenta con los tres hijos mayores de su pareja, el también atleta Benjamin Compaoré, fruto de una relación anterior. Con valentía y sinceridad, Peleteiro describió esta experiencia como “muy complicada y muy dolorosa”, pero también como una fuente de aprendizaje y amor incondicional.
Una familia ensamblada con retos emocionales
Ana Peleteiro y Benjamin Compaoré han construido una familia numerosa que es su mayor orgullo, pero que también conlleva importantes desafíos. La atleta explicó que la convivencia requiere una enorme dedicación logística y afectiva debido a las diferencias en los calendarios escolares entre Francia y España. “En Francia, el calendario escolar es totalmente diferente que en España. Cada siete semanas (más o menos), tienen vacaciones durante 15 días. Por lo tanto, es en ese periodo vacacional cuando las vamos a recoger para que lo pasen aquí con nosotros”, relató con naturalidad.
Para Peleteiro, los pequeños son una prioridad absoluta: “Obviamente ahora que tengo una hija es lo que más quiero en el mundo. Pero son parte de mi familia, las adoro y cada vez que estamos juntos es lo mejor que nos puede pasar. Lo importante es tener una familia unida y es lo que le inculcamos a las niñas”. Sin embargo, lograr esa ansiada armonía se ha convertido en un camino lleno de obstáculos, especialmente por la relación con la otra parte de los niños.
La difícil relación con la otra parte
La atleta confesó que, a pesar del profundo amor que les profesa, la otra parte no se lo pone “nada fácil, todo lo contrario”. Se sinceró asegurando: “Los que estáis pasando por algo así, sabéis a lo que me refiero. Hoy por la mañana nos pasó algo y os lo quería contar, más que nada para dar un respiro de aire fresco para las personas que habéis pasado por una situación como la nuestra, que es una relación complicada con la otra parte de los niños. Muy complicada”.
Ana ha estado presente en la inmensa mayoría de la vida de los pequeños y los ha visto crecer de cerca. “Cuando empecé con mi marido, uno de ellos era recién nacido, las otras tenían tres y cuatro años. Ahora están a punto de cumplir ocho, diez y seis. Llevo en sus vidas más tiempo de lo que no he estado”, afirmó. El dolor surge por la radical distancia que se impone cuando terminan las vacaciones: “Sin entrar en detalles, pero para que os ubiquéis, yo solo tengo contacto con ellos cuando están conmigo en casa, con nosotros, cuando están en la otra casa no me dejan tener contacto con ellos. Por eso crear un vínculo es muy difícil, y más lo es cuando desde la otra parte se les dice que soy algo malo”.
El amor puro de los niños como motor de esperanza
A pesar de esa barrera, el cariño puro de los niños siempre logra abrirse paso. La deportista, que se vuelca en estar “muy presente” durante los días que comparten bajo el mismo techo, compartió un conmovedor momento: “Hemos pasado mucho tiempo juntos y hemos estado tranquilos y en paz. Hoy nos despertamos por la mañana con unos poemas de amor preciosos. La número dos nos había dejado cartitas, una para su padre y otra para mí. Son poemas de amor. Lo hizo de sorpresa, no sé en qué momento nos lo dejó, no la escuché entrar en la habitación. Al despertarnos nos encontramos con eso a los pies de la cama. Me emocioné un montón”.
Esa muestra espontánea de afecto demuestra que los niños son plenamente conscientes del hogar lleno de cariño que se les brinda. Aunque Ana reconoce que, en ocasiones, es la primera en perder “la paciencia y la esperanza”, estos instantes la hacen “muy feliz” y le reafirman en sus valores. “Siempre le digo a mi marido que el tiempo pondrá todo en su lugar. Ya nos ha pasado con la mayor, que vive ahora con nosotros. De verdad os digo que el tiempo pone a cada persona en su lugar y cada pieza en su sitio. Aunque ahora lo suframos y tengamos que pelearnos cada dos por tres, detalles como estos, que parecen una tontería, a mí me llenan el corazón”.
Un mensaje de apoyo para quienes viven situaciones similares
Como apoyo para quienes atraviesan situaciones parecidas, Ana lanzó una reflexión: “Os digo esto para los que paséis por la misma situación, que si lo hacéis todo bien y con cariño, el tiempo os lo va a devolver. Nosotros así lo estamos viviendo. Cada vez recibimos más ese amor que nosotros hemos ido dando desde el inicio y que, bueno, poco a poco va colocando a cada uno en su sitio”.
La sinceridad de Peleteiro ha resonado entre sus seguidores, quienes han aplaudido su valentía al visibilizar los retos de las familias ensambladas y la importancia de perseverar con amor y paciencia. Sin duda, su testimonio es un recordatorio de que, incluso en las situaciones más difíciles, el cariño y la dedicación pueden marcar la diferencia.
Consejos para fortalecer los lazos en familias ensambladas
La historia de Ana Peleteiro refleja una realidad que muchas familias ensambladas enfrentan. Aquí algunos consejos prácticos para sobrellevar estos desafíos:
- Comunicación abierta: Mantén un diálogo constante y honesto con tu pareja sobre las dificultades y logros en la relación con los hijos de anteriores relaciones.
- Paciencia y empatía: Entiende que construir vínculos lleva tiempo y que cada niño tiene su propio ritmo. La empatía hacia su situación es clave.
- Establece rutinas y tradiciones: Crear momentos compartidos y tradiciones familiares ayuda a fortalecer la sensación de pertenencia y unidad.
- Busca apoyo profesional: Si las tensiones son muy grandes, la terapia familiar puede ser de gran ayuda para gestionar emociones y establecer límites saludables.
- Cuida tu bienestar emocional: No olvides atender tus propias necesidades y buscar espacios de desahogo y autocuidado.
La historia de Ana Peleteiro es un ejemplo de resiliencia y amor incondicional. Su mensaje inspira a muchas mujeres que, como ella, luchan cada día por mantener unida a su familia ensamblada.

