En la hermosa ciudad de San Sebastián, conocida por su playa de La Concha y su festival de cine, una decisión municipal ha encendido las alarmas sociales. El Ayuntamiento ha prohibido el reparto de cenas solidarias en la calle, una labor que el colectivo Kaleko Afari Solidarioak (KAS) realizaba desde hacía seis años. Para entender qué hay detrás de esta medida, hemos hablado con Kristina Fernández, voluntaria de KAS, quien nos cuenta cómo esta prohibición afecta a cientos de personas y por qué ve un trasfondo racista en la decisión.
Una labor que va más allá de la comida
KAS nació hace seis años, cuando el Ayuntamiento desalojó el barrio del Infierno y muchas personas sin hogar comenzaron a reunirse en la Plaza Nueva. Un grupo de vecinas y vecinos se organizó para preparar cenas calientes. Lo que empezó con diez personas hoy es una red de casi 300 voluntarios de distintos barrios, ideologías y edades. “No es caridad”, aclara Kristina. “Repartimos cenas porque el Ayuntamiento no presta este servicio. Además, creamos lazos, nos cuidamos mutuamente”.
Los puntos de reparto se convirtieron en espacios de encuentro y apoyo. Pero el pasado verano, el Ayuntamiento notificó la prohibición. “Fue un golpe duro, estábamos dispersas en verano y de un día para otro nos dijeron que no podíamos seguir”, recuerda.
Las razones municipales y la respuesta de KAS
El Consistorio argumenta tres motivos: ocupación del espacio público, posibles problemas de salud y seguridad. Kristina rebate cada uno: “Llevamos seis años ocupando ese espacio y el propio Ayuntamiento nos recomendaba en documentos oficiales. Sobre la salud, habría que analizar otras actividades en la ciudad. Y la seguridad… ¿para quién es segura la ciudad si algunas personas se quedan sin comida?”.
Para KAS, el trasfondo es otro: “Al Ayuntamiento le molesta que en esta ciudad de postal, en las fotos de turistas, estemos repartiendo cenas. No quiere que el turismo vea pobreza”.
El impacto en las personas sin recursos
Muchas personas no pueden acceder a los recursos municipales porque acaban de llegar o no están empadronadas. El Ayuntamiento ha anunciado 100 cenas más, pero para KAS es insuficiente. “Dicen que nuestros datos de 300 personas sin comida no son reales. Nieguan la necesidad”, denuncia Kristina.
La voluntaria pide al gobierno local “recursos reales, integrales, tres comidas al día y que dejen en paz a KAS. Que aprovechen nuestra experiencia”.
Apoyo vecinal y llamada a la acción
Tras la prohibición, otras asociaciones se volcaron con KAS. “Recibimos mucho apoyo, celebramos reuniones para buscar alternativas”, cuenta. Ahora necesitan más voluntarios: “Si alguien quiere ayudar, puede escribirnos a Instagram o a kalekoafarisolidarioak@ni.eus”.
También temen las multas. “Aún no nos han multado, pero podría pasar. La policía nos identifica, y las imágenes hablan: una mujer con un carro rodeada de autos de policía en el parque Gladys. ¿Quién ocupa realmente el espacio?”, se pregunta.
El discurso racista que crece
Kristina relaciona esta prohibición con el auge de discursos racistas. “Grupos como ‘Lo que no te cuentan de Donosti’ nos acosan. Dicen cosas como ‘llevaos a esta gente a vuestra casa’ o que KAS da de comer a delincuentes. Son discursos simplistas que encuentran espacio”.
Hace dos semanas, un migrante en situación de calle fue disparado con perdigones desde un balcón. “No podemos decir que un discurso cause directamente una agresión, pero crea el caldo de cultivo. Deshumaniza, señala, legitima la exclusión. Cuando se presenta a los migrantes como amenaza, se justifica la violencia”.
La seguridad desde otra perspectiva
Para Kristina, la seguridad no es solo policial: “Es tener vivienda, comida, no ser expulsada del espacio público. Las instituciones tienen responsabilidad en el clima social. Hay que proteger, reparar, investigar y desarticular el discurso que convierte a algunas personas en cuerpos sospechosos”.
La situación en San Sebastián es un reflejo de lo que ocurre en muchas ciudades. La solidaridad se criminaliza mientras el racismo se normaliza. KAS seguirá luchando, pero necesita ayuda. Porque, como dice Kristina, “alrededor de una cena se reúne mucho más que comida”.
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