En las calles de Teherán, un fenómeno social está tomando fuerza: cada vez es más común ver a mujeres conduciendo motocicletas, desafiando una prohibición que lleva 47 años. A pesar de que el Gobierno iraní anunció en febrero un decreto que autorizaba la expedición de permisos de manejar motos a mujeres, los carnets aún no se emiten. Sin embargo, muchas iraníes han decidido no esperar más y se han lanzado a las calles, en un acto de rebeldía que recuerda a la lucha por el derecho a no usar el velo.
Un sueño sobre ruedas
Narges, una abogada de 40 años, acaba de comprarse una Vespa gris y participa en un curso para aprender a circular en las caóticas calles de la capital iraní. “Soñé con poder manejar una motocicleta desde que era niña”, confiesa a EFE en la academia de conducción Misagh, en el noreste de Teherán. Como ella, una docena de mujeres da vueltas en moto a un pequeño circuito, con instructores que les enseñan cómo tomar curvas o zigzaguear entre conos.
La mayoría decidió empezar a manejar después de que el Gobierno del presidente reformista Masud Pezeshkian aprobara en febrero un decreto que autorizaba la expedición de permisos. Aunque los carnets no se han comenzado a emitir, muchas mujeres consideran que de manera tácita se les permite manejar motos, al igual que ocurre con el velo islámico, que sigue siendo obligatorio por ley pero que en la práctica muchas iraníes han abandonado.
El obstáculo legal
El motivo oficial para no emitir licencias a las mujeres es que el artículo 20 de la Ley de Tráfico iraní menciona explícitamente a “hombres” en su apartado sobre los permisos de conducción de motocicletas. Para Narges, la decisión del Gobierno fue “fruto de la lucha de las mujeres por sus derechos” tras las protestas provocadas por la muerte de Mahsa Amini en 2022, tras ser detenida por no llevar bien puesto el velo.
La muerte de la joven provocó un movimiento de desobediencia civil femenino que ha llevado a muchas iraníes a dejar de usar el obligatorio velo islámico y a vestir con una libertad probablemente no vista desde la fundación de la República Islámica en 1979.
Un auge imparable
La discusión pública sobre el derecho de las iraníes a manejar motos comenzó en diciembre de 2025, y el anuncio gubernamental ha provocado un aluvión de compras de motocicletas por parte de mujeres, así como de clases de manejar. Ali Qashqai, instructor de la academia Misagh, explica a EFE que el número de mujeres que buscan aprender a manejar motos se ha duplicado en su centro en los últimos tiempos, con unas 100 alumnas al mes.
En las tiendas de vehículos de la capital iraní confirman un aumento de las ventas de motos a mujeres. Mohsen, responsable de una tienda de motos en el norte de Teherán, explica a EFE que en el último año, el número de compradoras femeninas ha superado al de hombres, sobre todo mujeres jóvenes que buscan máquinas automáticas de colores rosa, amarillo o rojo.
Así, las calles de Teherán se han llenado de mujeres circulando en motos, a pesar de que las autoridades aún no expiden permisos de manejar motos a mujeres, siete meses después del anuncio gubernamental.
Promesas incumplidas
Desde el Ejecutivo se insiste en que se han llevado a cabo todos los “procedimientos jurídicos y legales” para hacerlo, según explicó a finales de septiembre la vicepresidenta para Asuntos de la Mujer y la Familia, Zahra Behruz Azar, quien aseguró que la Policía de Tráfico está “obligada” a expedir los carnets. Pero días más tarde, el jefe de la Policía de Tráfico de Irán, Teymur Hoseini, negó que “los procedimientos legales” hayan finalizado y sostuvo que el cuerpo que dirige es la única autoridad competente para emitir las licencias.
La falta de las licencias provoca problemas para las conductoras, como la falta del obligatorio seguro, por lo que en muchos casos las iraníes los ponen a nombre de familiares masculinos. Mientras tanto, muchas iraníes han decidido lanzarse a manejar sus coloridas motos sin esperar al permiso de la República Islámica, como ocurrió con el velo islámico.
Un símbolo de libertad
Este fenómeno no solo representa una transgresión de las normas de tráfico, sino un acto de empoderamiento femenino en un país donde las mujeres enfrentan múltiples restricciones. La imagen de una mujer sobre una motocicleta en Teherán se ha convertido en un símbolo de resistencia y de la lucha por la igualdad de derechos.
Para las mujeres iraníes, manejar una moto es más que una simple actividad recreativa; es una forma de reclamar su espacio en la vía pública y de demostrar que están dispuestas a desafiar las normas que las limitan. Este movimiento se suma a otras acciones de desobediencia civil, como la decisión de no usar el velo, que han ido ganando terreno desde las protestas de 2022.
La comunidad internacional observa con atención estos cambios, que podrían tener repercusiones en la política interna de Irán y en la percepción de los derechos de las mujeres en la región. Por ahora, las calles de Teherán son testigos de una revolución silenciosa sobre dos ruedas.
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