Luiz Inácio Lula da Silva volverá a la presidencia de Brasil. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) ganó la segunda vuelta electoral con el 50.39% de los votos (6,331,593 sufragios) frente al 49.61% (6,232,349) de Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal. La diferencia fue mínima, pero suficiente para que el pueblo brasileño le diera a Lula su cuarto mandato, un resultado que resuena como un fuerte mensaje desde el sur del mundo hacia la Casa Blanca.
La elección, que se definió en un ambiente de alta polarización, dejó claro que los sectores populares, campesinos, mujeres, comunidad LGBTQ+, indígenas, afrodescendientes y juventudes lograron torcer el resultado de la primera vuelta y dejar atrás al fascismo. La movilización en las calles, la conversación cotidiana para conseguir voto a voto y la convicción hecha acción fueron las banderas de una campaña que se gestó desde abajo.
Un discurso de agradecimiento y compromiso
Desde el comité de campaña ubicado en el Hotel Intercontinental, en el centro de San Pablo, Lula agradeció la generosidad del pueblo brasileño. “Quiero agradecer la generosidad que el pueblo brasileño tuvo conmigo tanto tiempo, y en esta segunda vuelta quiero agradecer a las juventudes y también a los adultos mayores”, sostuvo visiblemente emocionado.
El mandatario electo calificó la elección como una derrota al negacionismo y a la mentira. “Cada vez que había un debate quedaba compungido porque nunca pensé en discutir con un representante de las milicias en este país. Lo que escuché en esta segunda vuelta, en los estados del país y en la Avenida Paulista fue no solo la cantidad de gente sino también el entusiasmo”, afirmó rodeado del arco político que conforma la alianza que lo acompañará en su próximo mandato.
En una sala de prensa colmada de medios nacionales e internacionales, los cánticos de lucha y victoria se entonaron más de una vez: “O patria libre o morir por Brasil”, verso del Himno de la Independencia de Brasil.
Las prioridades del nuevo gobierno
Lula dejó en claro que su cuarto mandato tendrá un sello social y de ampliación de derechos. “Viví muchas elecciones y puedo garantizar que va a cambiar el modo de gobernar, que vamos a ampliar la participación respecto a nuestras decisiones y que la comunicación digital va a ser un eje central. Hoy quiero que sepan que lo que más motivó es que la gente quiso que gane para defender el Sistema Único de Salud (SUS), voy a llevar muy en serio las políticas de cuidado hacia los niños, quiero que las mujeres sean tratadas con mucho más respeto por las políticas de gobierno; voy a garantizar la libertad religiosa plena y que voy a continuar la revolución en la educación brasileña”, indicó.
En materia ambiental, destacó que por cuarto año consecutivo se redujo la deforestación. Sin embargo, también abordó la instalación de data centers, cuestionados por organizaciones socioambientales. Al respecto señaló que esos emprendimientos deben dejar recursos en Brasil. “Somos un país periférico y queremos ser un país central”, dijo.
Durante el discurso, también aprovechó para posicionarse geopolíticamente una vez más: “Mi cantor preferido gustaba de nuestro gobierno porque nosotros no hablamos fuerte con Bolivia y bajito con los Estados Unidos”.
Un Congreso con mayoría de extrema derecha
El mandatario festejó que se haya reducido la cantidad de votos nulos y de abstención, que en la primera vuelta había llegado a más de 33 millones de personas. Consciente de las diferencias que atraviesan al pueblo brasileño, Lula reconoció que llamar a la unidad nacional será una tarea difícil. A pesar de eso, le dejó un mensaje al Congreso Nacional, con el que se comprometió a trabajar de manera conjunta por el hecho de que es el pueblo brasileño el que lo eligió, en donde la extrema derecha ocupó la mayoría de las bancas.
La autoorganización popular, clave del triunfo
Lula conquistó su cuarto mandato al cabo de veinte días intensos, en el que la autoorganización de las personas hizo que estallaran las calles de norte a sur del país, con las juventudes al frente, que coparon universidades y con otros millones que pusieron en práctica la empatía del “vira voto”: salir a las calles para escuchar al pueblo, a sus vecinos, impulsarlo a que fuera a votar —en caso de que no hubiera ido— o para convencerle de cambiar de mirada para que el fascismo no retornara al país, en esta ocasión, de la mano del hijo del expresidente condenado por un intento de golpe de Estado, el 8 de enero de 2023.
El resultado electoral refleja una sociedad brasileña polarizada entre la izquierda y el progresismo —lo que se repite en otros países de América Latina— y la ultraderecha aliada con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Para la historia latinoamericana, cuyas venas permanecen abiertas, esta elección es un mensaje antifascista que alienta a los pueblos que habitan al sur del río Bravo a seguir organizándose y manifestándose en las calles.
“En esta elección, vencimos a la intromisión que venía desde afuera”, dijo Lula durante su discurso. Pero también a revisar las estructuras partidarias, lo que implica ampliar la participación y la escucha a jóvenes, mujeres, LGBTQ+, indígenas y afrodescendientes y a los sectores populares históricamente relegados.
Los retos de la izquierda en el nuevo ciclo
El viraje entre la primera vuelta y la segunda muestra la necesidad de que la izquierda permanezca en la calle como tarea permanente de defensa de la soberanía y de la democracia en nuestros países. Lula ganó la elección. Pero la polarización sigue ahí y obviarla es no ver el elefante en la habitación. Buena parte de quienes hoy eligieron a Bolsonaro son beneficiarios de programas como el Sistema Único de Salud, las políticas de educación pública y Bolsa Familia. Eso plantea un desafío: cómo conectar lo que se hace desde el Estado con la vivencia cotidiana de la comunidad no organizada.
La coyuntura actual es muy diferente a la de 2002, cuando el obrero metalúrgico y líder sindical fue electo presidente por primera vez. No había entonces redes sociales y las disputas discursivas e ideológicas se daban, principalmente, en calles y comités. Actualmente asistimos no solo a una espectacularización exacerbada de la política sino también a la circulación permanente de fake news, lo que exige repensar las estrategias para no solo ganar elecciones sino también para seguir ampliando y fortaleciendo los movimientos sociales y convocar a las personas no organizadas en defensa de sus derechos.
Reformas y promesas para el cuarto mandato
En medio de la entrada triunfante de los dirigentes del PT, el diputado federal por Minas Gerais, Reginaldo Lopes, territorio clave en la disputa electoral, celebró la victoria del partido. Destacó diferentes políticas que el mandatario electo impulsó a lo largo de su tercer mandato. Entre ellas, la reforma laboral —de la que Lopes es autor, junto con Erika Hilton— que modificó la Constitución y redujo la jornada laboral de seis a cinco días a la semana y de 44 a 40 horas; haberle puesto fin a las apuestas online con el objetivo de desendeudar. También resaltó la estrategia de que juventudes, personas negras, quilombolas, hayan salido a las calles tanto en su estado como en todo el país para manifestar su apoyo a Lula.
“Vamos a poner plata en el bolsillo de la gente con la reforma tributaria, vamos a hacer una revolución social en el cuarto mandato”, prometió. También se refirió al desafío que significará enfrentar un Congreso con mayoría de la extrema derecha que representa el Partido Liberal: “Nosotros vamos a osar organizar al pueblo brasileño, vamos a reducir las tarifas para el pueblo”. Además, sostuvo que esta elección también es un mensaje para toda la región de América Latina y el Caribe: “La extrema derecha es contra negros, contra pobres, es contra el Estado, contra los gays, lo que significa que vamos a reorganizar las fuerzas democráticas y el papel del Estado, el Estado debe atender a quienes realmente lo necesitan. Nosotros vamos a responder a la generosidad del pueblo brasileño”, concluyó.

