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Kate Middleton volvió a robarse el show en una boda real, y no solo por su impecable estilo. La princesa de Gales, de 44 años, asistió a la boda de Peter Phillips y Harriet Sperling el pasado 6 de junio luciendo unos aretes que guardan una historia muy romántica.

El look perfecto para una boda de verano

Kate llegó a la All Saints’ Church en Kemble, Cirencester, con un elegante vestido de punto bouclé de Roland Mouret, combinado con un sombrero tipo bote y un bolso de mano tejido. Un conjunto chic y perfecto para una boda británica de verano. Pero el verdadero toque especial fueron sus aretes: un par de Kiki McDonough con dos piedras de morganita entrelazadas, un raro gemelo de tono rosa suave.

Unos aretes con historia

Lo más interesante es que Kate ya había usado estos aretes antes. La primera vez fue en la boda de su hermana, Pippa Middleton, con James Matthews en 2017. Desde entonces, los ha llevado en contadas ocasiones, como en los Premios Earthshot de 2021. Son sus aretes de la suerte para bodas importantes.

Los invitados y la ceremonia

La boda reunió a toda la realeza. Las princesas Beatriz y Eugenia llegaron primero: Beatriz con un vestido floral verde y Eugenia con un clásico vestido azul marino, acompañadas de sus esposos. También asistieron el rey Carlos III y la reina Camila, así como los duques de Edimburgo.

Entre los invitados destacó Lady Natasha Rufus Isaacs, cofundadora de Beulah London, una marca favorita de Kate y de la novia. La ceremonia se llevó a cabo en una histórica iglesia de pueblo, ubicada entre Gatcombe Park (la finca de la princesa Ana donde crecieron Peter y Zara Phillips) y la casa de la familia Sperling.

El toque romántico: la morganita

La morganita, conocida como la piedra del amor divino, simboliza el romance y la compasión. Que Kate la haya elegido para dos bodas tan significativas no es casualidad. Es un detalle que conecta su historia personal con la de su cuñada y ahora con la de Peter Phillips.

La recepción en Gatcombe Park

Después de la ceremonia, se espera una recepción en Gatcombe Park, la finca que la reina Isabel II compró en 1976 para la princesa Ana. Este lugar ha sido testigo de la infancia de Peter y Zara, y ahora celebra una nueva unión familiar.

Sin duda, Kate Middleton demostró una vez más que los accesorios pueden contar historias. Y estos aretes de morganita son el ejemplo perfecto de cómo una joya puede tener un significado especial más allá de la moda.

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Por Editor

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