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Iñaki Gabilondo (83 años) es una de las figuras más emblemáticas del periodismo en español. Nacido en San Sebastián en 1942, su carrera en la radio lo ha convertido en un referente de la información. Pero detrás del micrófono, hay una historia de infancia marcada por la posguerra, la escasez y el trabajo duro.

Una vocación que nació en casa

La pasión de Gabilondo por el periodismo le vino de familia. Su abuelo Pedro dejó el campo para escribir con seudónimo en una revista nacionalista, sembrando la semilla en una familia donde varios nietos encontrarían su camino en esta profesión. Iñaki empezó muy joven en la radio, y aunque en esa época era difícil vivir de ello, él se empeñó. Con solo 27 años ya dirigía Radio San Sebastián, luego Radio Sevilla y finalmente la Cadena Ser en Madrid, donde estuvo al frente de ‘Hoy por hoy’ durante casi 20 años.

Recuerdos de una infancia en los años 40

En el podcast ‘Por el principio’, Gabilondo recordó su niñez en San Sebastián. Su padre, a quien describe como “el personaje de mi vida”, era enérgico y feliz, aunque sus hermanos vivieron una etapa en la que él sufrió una larga depresión. De su madre dice que era “lo más parecido a un ángel que he conocido: guapísima, discreta, con gran capacidad de sacrificio y una elegancia natural”.

Al ser el primer varón de los hermanos, le tocaba poner orden en casa mientras sus padres trabajaban. Ese sentido de la responsabilidad y el liderazgo impuesto terminó siendo clave en su carrera. Su hogar era caótico y divertido, lleno de gente y ruido. Sus hermanos eran traviesos: “en una de sus travesuras descubrimos que bajaron por la fachada desde un cuarto piso. Todavía me acuerdo y me da un infarto”.

La carnicería familiar y la economía doméstica

La carnicería familiar era el negocio que sostenía a la familia numerosa. Era el motor económico y el lugar donde todos aprendieron el valor del esfuerzo. Aunque la casa era amplia y bien situada, vivían con lo justo: nueve hermanos compartían un solo baño y apenas dos lavabos. La organización era imprescindible.

En aquellos años duros de posguerra, en su casa no hubo pobreza pero tampoco excesos. “Descubrí que había comidas que existían en el mundo cuando me hice mayor. En mi casa se comía como se podía”, recuerda. Y añade: “algunos de mis hermanos estrenaron ropa cuando se casaron, porque hasta entonces heredaban las de los hermanos mayores”.

Lecciones de vida para la mujer moderna

La historia de Gabilondo nos recuerda la importancia de la resiliencia, el trabajo en equipo y la capacidad de adaptarse a las circunstancias. Valores que, hoy más que nunca, inspiran a las mujeres modernas a enfrentar sus propios retos con determinación y optimismo.

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Por Editor

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