Imagen ilustrativa

En 1539, el rey Enrique VIII de Inglaterra acordó casarse con su cuarta esposa, Ana de Cleves, después de haber visto únicamente un retrato pintado por el pintor de la corte, Hans Holbein el Joven. Cuando finalmente conoció a su prometida en persona, se dice que exclamó furioso: “¡No me gusta! ¡No me gusta!”. Y es que, según la leyenda, Ana no era “ni de lejos tan hermosa como habían dicho”. Pero, ¿fue realmente Ana una “catfish” (estafadora del amor) que engañó al rey con un retrato falso? Vamos a desentrañar este mito histórico.

El contexto: un rey desesperado por una alianza

Para entender lo que sucedió, hay que remontarse a 1537, cuando la tercera esposa de Enrique, Jane Seymour, murió tras dar a luz. El rey, ávido de un heredero varón, necesitaba una nueva esposa. Pero su ruptura con el Papa y su divorcio de Catalina de Aragón lo habían aislado de las cortes católicas de Europa. Así que su principal consejero, Thomas Cromwell, buscó una alianza con los principados protestantes alemanes, y la elegida fue Ana de Cleves, hija del duque de Cleves.

El encargo del retrato

Como Ana vivía en Alemania y Enrique no podía viajar, el rey envió a su pintor favorito, Hans Holbein, para que retratara a la joven. Holbein, conocido por su realismo, era un artista alemán respetado y no se atrevería a engañar al rey, pues sabía que Enrique era implacable con quienes le mentían. El retrato, que hoy se encuentra en el Louvre, muestra a Ana de frente, con una expresión seria, en una pose similar a la de la Virgen María, lo que sugería pureza y virtud.

El encuentro: un choque de culturas

Cuando Ana llegó a Inglaterra, el encuentro fue un desastre. No hablaba inglés, ni compartía los intereses del rey, como la música. Además, cometió el error de no reconocer al rey cuando este la visitó disfrazado en una fiesta de Año Nuevo. Todo esto, más que su apariencia física, fue lo que enfrió la relación. Enrique, que ya tenía problemas de salud y sobrepeso, se sintió decepcionado, pero no por el retrato, sino por la falta de sofisticación de Ana.

El mito del “catfishing”

La idea de que Ana “engañó” a Enrique con un retrato falso es un mito que se originó décadas después, en un libro del obispo Gilbert Burnet, publicado en 1679. Burnet, conocido por sus errores, escribió que Enrique llamó a Ana “yegua de Flandes”, un insulto que no tiene sentido, ya que Ana era alemana, no flamenca. Los historiadores modernos coinciden en que el retrato de Holbein era preciso y que el fracaso del matrimonio se debió a diferencias culturales y de personalidad.

El destino de Ana de Cleves

El matrimonio se anuló seis meses después, sin consumarse. Ana, lejos de ser ejecutada, recibió un generoso acuerdo: varias propiedades, una renta anual y el título de “hermana del rey”. Vivió tranquilamente en Inglaterra, sobreviviendo a todas las demás esposas de Enrique, y murió a los 41 años. Su historia demuestra que, a veces, la falta de ambición puede ser una bendición.

Lecciones para la mujer moderna

La historia de Ana de Cleves nos enseña que las apariencias engañan y que el contexto es clave. En la era de las redes sociales, donde el “catfishing” es común, es importante recordar que las primeras impresiones pueden ser engañosas. Pero también nos muestra que la autenticidad y la prudencia pueden ser nuestras mejores aliadas. Ana no intentó ser quien no era, y eso, a la larga, le salvó la vida.

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Por Editor

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