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El caso de una estudiante de la Universidad de Cornell que denunció haber sido víctima de una violación grupal en una fraternidad en 2024 ha provocado una ola de indignación nacional en Estados Unidos. El jueves, la revista Ms., junto con Women’s March, me too. International y otras organizaciones, impulsaron un Día Nacional de Acción. Estudiantes de más de 50 campus universitarios en todo el país abandonaron sus clases para protestar contra las administraciones que no ofrecen recursos ni apoyo a las víctimas, y contra un presidente que ha sido acusado repetidamente de agresión sexual y fue declarado culpable de abuso sexual.

Este movimiento no es un hecho aislado. Ocurre en un momento crucial: las elecciones de medio término se acercan y las mujeres jóvenes están emergiendo como una fuerza decisiva. Según una encuesta del New York Times/Siena, en ocho contiendas al Senado, los votantes menores de 30 años favorecen a los demócratas por un margen de 30 puntos. Aunque el análisis no menciona explícitamente a las mujeres como el grupo detrás de esa ventaja, no es difícil adivinarlo. La última encuesta de Economist/YouGov confirma que las mujeres impulsan la delantera demócrata: el 51% de las mujeres planea votar por los demócratas en las elecciones congresionales, frente al 41% de los hombres. Además, una nueva encuesta de The 19th/YouGov sobre votantes jóvenes muestra que temas como la anulación de Roe y el movimiento #MeToo, que marcaron los años formativos de la Generación Z, están informando sus decisiones en las urnas.

Lo que está pasando en Cornell es un recordatorio doloroso de que, a pesar de los avances, la violencia sexual en los campus sigue siendo un problema grave. Pero también es un catalizador para el cambio. Las mujeres están hartas y profundamente enojadas, y ese enojo podría traducirse en acción política concreta.

El caso que lo cambió todo

La historia de Jane Doe (nombre ficticio para proteger su identidad) sacudió a la opinión pública. Según las denuncias, la joven fue agredida sexualmente por varios hombres en una fraternidad de Cornell en 2024. El caso salió a la luz recientemente y ha generado protestas en todo el país. Las estudiantes exigen transparencia y rendición de cuentas por parte de las autoridades universitarias y del sistema legal.

Ellen Sweet, ex editora de la revista Ms. y coordinadora del Proyecto de Ms. Magazine sobre Agresión Sexual en Campus, escribió en una carta reciente al New York Times: “Los detalles de lo que le sucedió a Jane Doe son horribles, pero al menos ahora se están reportando y considerando creíbles. Esto no siempre fue así. Ahora hay un clamor público por transparencia y rendición de cuentas que no se puede ignorar. Esperemos que las universidades y las autoridades finalmente aprendan la lección”.

El caso de Cornell no es nuevo en términos de violencia sexual en campus. Ya en la década de 1980, Ms. publicó el primer estudio nacional sobre agresión sexual en universidades. Los hallazgos fueron impactantes para la época: más de la mitad de las mujeres encuestadas habían experimentado “alguna forma de victimización sexual” y una de cada ocho había sido víctima de violación. Sin embargo, casi tres cuartas partes de esas mujeres no identificaron su experiencia como violación. Cuatro décadas después, el término “date rape” (violación en una cita) ya no es nuevo, y muchas universidades ofrecen capacitación sobre consentimiento y recursos para estudiantes que sufren violencia sexual. Pero el problema persiste, y los sistemas legales universitarios y estatales siguen fallando en proporcionar justicia.

Las mujeres jóvenes: una fuerza electoral imparable

El contexto político no podría ser más relevante. Las elecciones de medio término están a la vuelta de la esquina y las mujeres jóvenes están mostrando un nivel de participación y compromiso sin precedentes. Según la encuesta de The 19th/YouGov, las votantes jóvenes están motivadas por temas como el acceso al aborto, la equidad de género y la justicia para las víctimas de violencia sexual. Estos temas, que han marcado su educación y experiencia, están impulsando su participación electoral.

En las elecciones gubernamentales del otoño pasado en Virginia y Nueva Jersey, las mujeres fueron clave para elegir a gobernadoras demócratas con supermayorías de votos femeninos. Este patrón se repetirá en las próximas elecciones si las mujeres mantienen su nivel de movilización.

Pero no se trata solo de votar por un partido. Las mujeres jóvenes están exigiendo cambios concretos. Una de las demandas es que el Congreso reconozca la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA, por sus siglas en inglés), que proporcionaría la base para promulgar leyes más estrictas sobre violencia de género, incluyendo la restauración del remedio civil en la Ley de Violencia contra la Mujer (VAWA). Esto daría a mujeres como Jane Doe más recursos legales para buscar justicia.

Lograr un Congreso favorable a la ERA requerirá una lucha intensa, pero es una razón más para planificar el voto anticipado. Las mujeres están decididas a canalizar su enojo en acción tangible.

El poder de las historias

En medio de este torbellino político, la revista Ms. ha lanzado una campaña llamada “The Majority” para recolectar historias sobre cómo la libertad reproductiva ha permitido a las mujeres construir las vidas que desean. Encuesta tras encuesta muestra que la mayoría de los estadounidenses apoya el acceso a la atención de salud reproductiva. Sin embargo, el debate público a menudo pasa por alto las vidas moldeadas por el acceso al aborto, la anticoncepción, la fecundación in vitro, la atención del aborto espontáneo, la salud materna o la educación sexual integral. Son innumerables las mujeres que eligieron estudiar, tener hijos, no tenerlos, proteger su salud y trazar su propio futuro.

La campaña invita a las mujeres a compartir sus historias para demostrar no solo por qué la libertad reproductiva sigue siendo un valor mayoritario, sino también lo que hace posible. Estas narrativas personales tienen el poder de humanizar el debate y presionar a los legisladores.

El caso de Cornell y la reacción nacional que ha provocado son un recordatorio de que la lucha por los derechos de las mujeres está lejos de terminar. Pero también demuestran que las mujeres, especialmente las jóvenes, están más organizadas y decididas que nunca. Su enojo se está transformando en acción política, y las elecciones de medio término serán un termómetro de su impacto.

Para las mujeres en México y Latinoamérica, este movimiento es un espejo. La violencia sexual y la falta de justicia son problemas que trascienden fronteras. La movilización en Estados Unidos puede inspirar a las mujeres de la región a alzar la voz y exigir cambios en sus propios países. La solidaridad internacional y el intercambio de estrategias son fundamentales para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria.

Así que si eres mujer y estás harta de la impunidad, recuerda: tu voz cuenta, tu voto cuenta y tu historia cuenta. Únete a la conversación y sé parte del cambio.

Por Editor

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