El pasado lunes 10 de agosto, un terremoto de 7,4 grados en la escala de Richter sacudió a Colombia, convirtiéndose en el más fuerte de la última década, según el Servicio Geológico Colombiano. El epicentro se ubicó en San José del Palmar, Chocó, a unos 100 kilómetros de profundidad, pero el movimiento se sintió con fuerza en ciudades como Pereira, Manizales, Quibdó, Cali y Bogotá. Hasta el momento, se reportan 265 personas fallecidas, 496 desaparecidas y 3,494 heridas, y las cifras siguen actualizándose mientras los equipos de rescate trabajan sin descanso.
La respuesta inmediata de la comunidad en Cali
En medio de la tragedia, la organización popular en Cali ha sido ejemplar. Desde las primeras horas, rescatistas voluntarios llegaron a las zonas afectadas con herramientas básicas para remover escombros y buscar sobrevivientes. Además, se instalaron rápidamente puntos de acopio para recolectar alimentos, productos de higiene, insumos médicos y veterinarios, ya que el rescate de animales también es una prioridad.
Una integrante de Medios Libres Cali, que prefiere mantener su identidad en reserva por seguridad, destaca: “Cali no deja de sorprender en el ejercicio solidario. La gente que se queda sin nada, sin familia, sin casa, sin techo, no se queda llorando, sino que se aferra a la vida y trae palas, cinceles, tarros, ayudando. El llamado solidario ha sido increíble y se ha visto en todos lados y sentidos posibles: solidaridad con los animalitos, con los niños, con las misiones médicas, con la comida. Cali es increíble en el ejercicio solidario”.
La estrategia del silencio para encontrar vida
Uno de los gestos más conmovedores ha sido la campaña “Cali necesita silencio”, difundida en redes sociales y pancartas. Los equipos de rescate, con los puños en alto, piden silencio para escuchar los latidos o respiraciones bajo los escombros. Gracias a brigadas de sonidistas y profesionales audiovisuales, se han podido detectar señales de vida, especialmente en las madrugadas, cuando el ruido de la ciudad disminuye. “Están escuchando vida, latidos, respiraciones, y por eso el llamado insistente al silencio”, explica la activista.
La gestión del gobierno y las críticas
El presidente Abelardo de la Espriella, quien asumió el cargo apenas tres días antes del terremoto, decretó el estado de emergencia y anunció medidas de reactivación económica, pero su gestión ha sido cuestionada. La imposición de toque de queda y la militarización de los territorios generaron preocupación en organizaciones de derechos humanos como Temblores, cuyo director, Alejandro Lanz Sánchez, señaló: “Ante un desastre de esta magnitud, la prioridad debe ser facilitar las labores de rescate y la atención humanitaria, no obstaculizarlas”.
Además, la demora en aceptar la ayuda internacional fue criticada. Países como México, China y El Salvador ofrecieron su apoyo, pero la burocracia retrasó la llegada de los equipos. Finalmente, se confirmó la asistencia de unidades de rescate de Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador. Los Topos Aztecas de México llegaron como voluntarios para ayudar en las tareas de rescate, demostrando la solidaridad latinoamericana.
Un llamado a la solidaridad continua
La situación en Cali es crítica: se estima que el 60-70% de las viviendas tienen daños de diversa consideración. Por eso, el llamado es a atender también a los vecinos, no solo a las zonas más afectadas. La comunidad organizada sigue trabajando día y noche, con la esperanza de encontrar más sobrevivientes y apoyar a quienes lo perdieron todo.
La solidaridad y la resistencia del pueblo caleño son un ejemplo de humanidad en medio de la adversidad. Como dicen desde Medios Libres Cali: “Celebramos con profundidad la resistencia, la solidaridad y la rebeldía caleña que se ha parado durísimo en el ejercicio de salvar vidas, que es lo importante en este momento”.
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