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Faye Cura es fundadora de Gantala Press, la única editorial feminista de Filipinas. Ubicada en Quezon City, esta entidad independiente y sin fines de lucro abrió sus puertas en 2015 con un enfoque claro: publicar literatura escrita por mujeres y vinculada a la defensa de los derechos humanos. “Creemos en el potencial de la publicación feminista como práctica social y en el trabajo solidario con mujeres artistas y colectivos como acción política vital”, se lee en su sitio web.

Cura también es escritora y editora. La idea de fundar una editorial surgió mucho antes, cuando ella misma buscaba dónde publicar su poemario. “Las únicas instituciones que publican obras de mujeres son las que tienen su sede en universidades, como los institutos de estudios de la mujer o sus departamentos de estudios de género”, explica. Aunque Gantala Press es la única editorial feminista en la actualidad, Cura recuerda que la primera se abrió en los años 80, pero duró muy poco.

La cultura como forma de vida

Para Cura, la cultura es una forma de vida: “Es como mi gente vive, respira, piensa y ve el mundo. Es la lucha y la resistencia contra las fuerzas que intentan silenciarnos y oprimirnos”. En un país donde el “red-tagging” (etiquetado rojo) está a la orden del día —la criminalización y estigmatización de voces críticas—, defender la cultura también es defender los derechos humanos. “Los pueblos indígenas están siendo expulsados de sus tierras ancestrales para que las corporaciones multinacionales las conviertan en plantaciones, empresas mineras y represas que destruyen la cultura”, comparte.

Cura participó en la cuarta edición de la Escuela de Defensoras, un proyecto de International Action For Peace y la Associació Catalana per la Pau, centrado en los derechos culturales en Palestina, Kurdistán, Colombia y Filipinas. Aprovechando su paso por Barcelona, conversamos con ella sobre edición feminista, memoria, comunidad y redes regionales.

¿Por qué es importante una editorial feminista en Filipinas?

“Las mujeres somos la mitad de la sociedad y representamos también la mitad de la fuerza productiva de un país, ya sea en el campo, en el mar o en las fábricas”, afirma Cura. “Por eso es importante que las mujeres contribuyamos a documentar las historias de resistencia y lucha a través de la literatura y los libros, y que contemos nuestras propias historias desde nuestra perspectiva y nuestras necesidades”.

Una editorial centrada en la escritura de mujeres es un espacio para que esas historias se registren y florezcan, y para animar a otras a alzar la voz, crear y escribir. Además, el sector editorial en muchos países está controlado por la élite o las llamadas clases educadas. “En Filipinas, la persona escritora habitual suele ser alguien con estudios universitarios, dominio del inglés y otros idiomas, de clase media o alta, con tiempo para escribir. Así, la industria editorial y literaria queda en manos de una minoría”, señala.

Editoriales progresistas como Gantala trabajan con personas que no son necesariamente escritoras ni artistas profesionales. “Creemos que cualquiera puede escribir y que escribir no tiene que ser solo tomar un bolígrafo; una persona puede narrar su historia, que alguien la transcriba y la convierta en un libro”. A diferencia de la literatura tradicional, que suele ser individualista y capitalista, cuando una comunidad crea un libro el proceso es colectivo. “Por ejemplo, uno de los trabajos que publicamos es una colección de poemas escritos por una campesina. Aunque sea una sola autora, los poemas hablan de una lucha colectiva. Así, el libro pertenece y sirve a la comunidad, no solo a la autora individual”.

Publicación feminista como memoria y resistencia

Gantala Press se formó durante el gobierno de Rodrigo Duterte, un presidente profundamente misógino que atacaba verbalmente a las mujeres con frecuencia y fue muy violento con las activistas. “En ese contexto, la publicación feminista cumple una función clara: nombrar esas violencias y dejar constancia de ellas. Pero, sobre todo, permite construir comunidad: mujeres que escriben, leen y documentan historias que no tienen espacio en las publicaciones comerciales, centradas en la ganancia y en los intereses del uno por ciento”, explica Cura.

“Frente a eso, la publicación feminista debe estar del lado de las oprimidas, las reprimidas y las silenciadas. Crear libros es un trabajo colectivo que involucra a escritoras, diseñadoras, impresoras y personas que los distribuyen. Es una práctica comunitaria que permite sostener narrativas que de otro modo quedarían fuera”.

Un libro de sobrevivientes de la guerra contra las drogas

En 2024, Gantala Press publicó un libro escrito por mujeres sobrevivientes y víctimas de la “guerra contra las drogas” de Duterte (2016-2022). “Nació a partir de nuestro trabajo con la Comisión de Derechos Humanos de Filipinas. Conocimos a una comunidad de mujeres sobrevivientes y también viudas, madres, hermanas y abuelas de víctimas. Organizamos talleres donde les propusimos escribir cartas a sus seres queridos, trabajar con imágenes y símbolos; narrar lo que habían vivido”, cuenta Cura.

“Sentimos que esta obra fue importante porque documenta historias que no suelen aparecer en los medios de comunicación masivos. Normalmente no se presta atención a lo que sienten las viudas o las madres, y este libro también recuerda que existe una lucha continua por la justicia. Aunque Duterte ya no sea presidente, dejó muchos crímenes contra el pueblo filipino, y las familias siguen buscando justicia”. Además, los talleres funcionaron como un espacio seguro para expresar tristeza y enojo, y para compartir experiencias con otras mujeres que habían pasado por situaciones similares.

Solidaridad con Palestina

Recientemente, Cura coeditó una colección de textos sobre Palestina. “Creemos que lo que ocurre en Palestina puede ocurrir también en Filipinas y en otros países del sur global. El imperialismo se manifiesta de formas distintas, pero produce efectos similares. Aquí se traduce en pobreza, precariedad y desigualdad; en Palestina adopta la forma del colonialismo de asentamiento y la violencia extrema. Son distintas expresiones del mismo monstruo”, explica.

“Defender la soberanía y la identidad palestina es también defender la posibilidad de que Filipinas sea un país libre y no subordinado a potencias externas. Además, Israel tiene presencia en Filipinas a través de la industria armamentística, el turismo y los proyectos extractivos. Son ejemplos concretos de cómo operan estas relaciones de poder”.

El movimiento feminista en Filipinas

“En Filipinas existe un fuerte movimiento feminista, aunque no siempre se autodenomina como tal, ya que el uso del término feminismo genera debate. Algunas personas lo consideran una idea burguesa y occidental que no es plenamente aplicable al contexto filipino. Sin embargo, sí existe un movimiento de mujeres muy sólido que ha logrado elegir representantes en el gobierno”, señala Cura.

El Partido de Mujeres Gabriela ha tenido una presencia constante en el Congreso, lo que ha sido beneficioso para el movimiento. “Se ocupa de problemas específicos como las agresiones sexuales y ha impulsado iniciativas como una ley de divorcio [junto con el Vaticano, Filipinas es el único país que no cuenta con una ley de divorcio]. También impulsaron la firma de la Carta Magna de las Mujeres en 2009, que buscó eliminar la discriminación y garantizar la igualdad fundamental ante la ley”.

“Este partido y el movimiento feminista no solo representan cuestiones relacionadas exclusivamente con las mujeres, sino también temas más amplios que afectan al conjunto de la población. Se pronuncian sobre la corrupción, la falta de tierras para las agricultoras, las malas condiciones laborales de las trabajadoras y la necesidad de mejores salarios”.

Redes regionales: SEAFAM

Gantala forma parte del Movimiento de Acción Feminista del Sudeste Asiático (SEAFAM). “Comenzó durante la pandemia como una red de organizaciones feministas de base en Indonesia, Filipinas y Malasia. Muchas de ellas pequeñas, informales y sin acceso a financiación institucional. La red permite apoyar proyectos que quedarían fuera de los circuitos formales y compartir experiencias en contextos conservadores, donde se restringen derechos como el aborto o la libertad sexual. También sirve para acompañar situaciones de represión y silenciamiento de activistas. La solidaridad regional ha sido clave para sostener este trabajo”.

El mayor reto de Gantala Press

“Más allá del trabajo político y comunitario, el mayor desafío sigue siendo el financiero. Con pocos recursos hay que priorizar, y eso implica tomar decisiones difíciles. A veces optamos por publicar la poesía de una campesina en lugar de la obra de una persona conocida, aunque sepamos que esta última podría generar más ingresos. Sin embargo, gracias a la fuerte comunidad que hemos construido, hemos podido sostener el proyecto y continuar con nuestro trabajo”, concluye Cura.

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