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Hay paseos que se convierten en declaraciones de intenciones. Y hay un paseo en Lamborghini que, para Anthony Scaramucci, es casi una confesión pública. Conocido por su paso fugaz como director de comunicación de la Casa Blanca, ‘El Mooch’ ahora recorre los Hamptons a bordo de su Huracán, entre miradas de asombro y un discurso que mezcla política, economía y redención personal. Su nuevo libro, All the Wrong Moves, es el pretexto para una conversación que va de Wall Street a la cocina de su casa, de la política a la paternidad.

Un Lamborghini como símbolo del sueño americano

Scaramucci, de 60 años, creció en Port Washington, Long Island, en una familia de clase trabajadora. Su padre era operador de grúas y su madre maquillista. Hoy, conduce un auto que vale más de lo que sus padres ganaban en años. Pero para él, el Lamborghini no es un capricho: es el resultado de décadas de esfuerzo. “Crecí en una familia de motociclistas. Trabajé en un taller de motos durante diez años con mi tío. Veía pasar todo tipo de autos y pensaba: algún día tendré el mío”, explica mientras el motor ruge en el tráfico de Southampton.

Sin embargo, no todo es ostentación. Scaramucci insiste en que es un tipo sencillo: “La gente piensa que soy extrovertido y alocado, pero en realidad soy más hogareño”. Y lo demuestra: en su casa, entre partidos de pickleball y sus hijos pequeños, se quita la máscara de tiburón de Wall Street.

Errores que pesan y un país que se resquebraja

El nuevo libro de Scaramucci no solo repasa sus propios errores (como su breve pero polémico paso por la administración Trump o su relación con el estafador de criptomonedas Sam Bankman-Fried), sino que analiza los desaciertos económicos de los líderes estadounidenses que, según él, llevaron al auge del populismo. “El sueño americano se está muriendo para la clase trabajadora. Mis padres compraron su casa por $16,000 en 1962; hoy solo los impuestos superan esa cifra”, lamenta.

Su diagnóstico es claro: los monopolios asfixian a los pequeños, la desigualdad crece y la política está secuestrada por el dinero. Propone medidas que suenan progresistas: romper los monopolios, subir impuestos a los más ricos y sacar el dinero de la política. “No necesitamos más yates. Necesitamos que la gente pueda vivir con dignidad”, sentencia.

Un paseo por el pasado y el presente

Durante el trayecto, Scaramucci recuerda su infancia, sus raíces italianas y a su padre, Alexander, que trabajó en la construcción de los rascacielos de Nueva York. “Más del 60% del concreto de los edificios de Manhattan salió de mi pueblo”, dice con orgullo. También evoca a Joe Margiotta, el jefe político republicano del condado de Nassau, quien lo metió al sindicato y lo hizo republicano. “Lo quiero, aunque haya ido a la cárcel por fraude postal”, bromea.

¿Un plan para salvar a Estados Unidos?

A pesar de sus críticas al sistema, Scaramucci sigue siendo republicano: “Es como ser fan de los Mets: llevo 56 años siendo fan, aunque este año estén fatal”. Pero su plan económico parece más cercano al progresismo de Elizabeth Warren que al trumpismo. De hecho, elogia a Lina Khan, la comisionada de la FTC conocida por su lucha antimonopolio, y a Jeff Bezos, por construir Amazon desde cero.

En su visión, el Estado debe intervenir para corregir los desequilibrios entre el capital y el trabajo. “Cuando hay equidad, todos somos felices. Cuando el capital gana demasiado, se genera ansiedad y enojo. ¿Cuántos yates más necesitas? Cálmate”, dice.

Lecciones de vida y arrepentimientos

El exbanquero no esquiva sus propios errores. Admite que ignoró las acusaciones contra Trump por miedo a perder su puesto. “Fuimos como los monos: no vemos, no oímos, no hablamos. Y eso no lo puedo defender”, confiesa. También habla de su matrimonio, que casi se destruye por aceptar el trabajo en la Casa Blanca. “Fue un error que casi me cuesta la familia”, reconoce.

Pero de todo aprendizaje, Scaramucci rescata una lección: “La humildad. Hay que entender que gran parte de tu vida es suerte. No tienes control sobre todo”. Y, como en la Odisea, sabe que el orgullo puede ser su mayor enemigo: “Poseidón te castiga por tu hybris. Somos humanos y cometemos errores”.

El futuro: ¿política o familia?

Cuando se le pregunta si planea postularse para gobernador, suelta una carcajada: “Mi esposa me mataría. Estoy en campaña para la reelección de mi matrimonio”. Por ahora, su prioridad es estar con sus hijos pequeños y disfrutar de su hogar en los Hamptons, un lugar que considera casi sagrado: “Long Island es un remanente de la Edad de Hielo. El glaciar dejó esta isla hermosa”.

Al final del paseo, Scaramucci se despide con un consejo: “Lleva a tu madre a Cappelletti’s, es un italiano de los de antes”. Y con un rugido del motor, desaparece en el atardecer, dejando en el aire la pregunta: ¿podrá alguien realmente arreglar a Estados Unidos?

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Por Editor

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