Imagina encontrar el terrenito perfecto para escapar de la ciudad: 20 acres en Millerton, Nueva York, con vistas espectaculares a las montañas Catskill. Eso fue justo lo que les pasó a Whit Bernard y Freya Zaheer, una pareja de Brooklyn que soñaba con un refugio de fin de semana para ellos, sus tres hijos pequeños y sus amigos. Pero antes de comprar, querían la opinión de un arquitecto. Y no cualquier arquitecto: Brent Buck, a quien conocieron en un campo de maíz, vestido con camisa de franela y con un look que él mismo describe como “papá del norte”.
El flechazo arquitectónico
La pareja quedó encantada con Buck, quien divide su tiempo entre el condado de Litchfield y Brooklyn, donde fundó su estudio en 2018 tras una década en Tod Williams Billie Tsien Architects. “Pensamos que Brent era un talento local de bajo perfil”, confiesa Bernard. “No teníamos idea de que era una estrella emergente de la ciudad”. Sin entrevistar a nadie más, le confiaron el proyecto. Y es que las suposiciones no estaban del todo equivocadas: Buck y su propia familia joven también alternan entre el campo y la ciudad, y su estudio ha ganado fama renovando casas adosadas en Brooklyn. Hoy, su equipo de ocho personas trabaja en varios proyectos residenciales nuevos.
Una casa que brota de la tierra
En Millerton, la cima de la colina parecía el lugar obvio para construir y aprovechar las vistas. Pero, como dijo Frank Lloyd Wright, “la colina y la casa deben vivir juntas, cada una más feliz por la otra”. Buck y sus clientes estuvieron de acuerdo. “Queríamos que la casa sintiera que salía de la tierra, no que estaba justo en la cresta”, explica el arquitecto. Optó por una estructura a dos aguas tipo granero, ya que la pareja deseaba “algo apropiado para el lugar”. La casa, de 4,400 pies cuadrados, está excavada en el terreno: desde el frente parece de una sola planta, pero desciende a un nivel inferior. La gran sala y las seis recámaras (tres arriba, tres abajo) tienen vistas al paisaje.
Los materiales se inspiran en la arquitectura agraria: vigas de abeto Douglas a la vista, revestimiento de granero recuperado y mampostería de piedra local colocada a mano. Amplias ventanas, tragaluces estratégicos y aleros profundos optimizan las vistas y la exposición al clima, manteniendo los interiores luminosos y cálidos. El mobiliario, escaso, resalta la artesanía: desde la mesa de nogal a medida en el comedor hasta la lámpara de Isamu Noguchi en la escalera.
Arriba madera, abajo recogimiento
Si la planta superior es pura madera, la inferior Buck la concibió como una experiencia más monástica, con pasillos arqueados revestidos de arcilla romana de Portola Paints. En toda la casa, los clientes combinaron coloridos textiles Malkha de India con antigüedades de sus viajes por Asia y Europa. “La paleta se mantiene en alineación tonal con el entorno”, señala Zaheer. Ella y Bernard ahora reciben regularmente a amigos y familiares, ampliando la capacidad de alojamiento con tiendas de campaña en los terrenos, diseñados por el estudio de paisajismo Eponymous Practice. Una alberca, un fogatero y una terraza envolvente permiten una vida interior-exterior sin interrupciones, especialmente para los niños, que pasan el tiempo volando cometas, jugando a las escondidas entre los tallos de maíz o buscando fósiles.
A pesar de este flujo constante de actividad, el diseño meticuloso de la casa la convierte en un santuario tranquilo. “Hay una belleza discreta”, comenta Bernard. “Es un gran lugar para simplemente sentarse, mirar la vista y relajarse un poco”.
El toque de estilo: cómo lograr ese look en tu propio espacio
Esta casa nos enseña que no necesitas un granero para crear un refugio con carácter. Aquí van algunos tips para infundir ese aire de campo chic en tu hogar, sin importar si vives en la ciudad o en las afueras:
- Materiales nobles: Incorpora vigas de madera a la vista (pueden ser falsas) o revestimientos de piedra en una pared focal. Le darán textura y calidez instantánea.
- Ventanas generosas: Si puedes, agranda las ventanas o coloca espejos estratégicos para multiplicar la luz natural y las vistas.
- Mezcla de texturas: Combina telas coloridas con antigüedades. Los textiles étnicos son perfectos para añadir personalidad sin recargar.
- Paleta terrosa: Inspírate en los tonos de la tierra: verdes oliva, marrones, beiges y grises piedra. Mantén la armonía con el entorno.
- Espacios para la convivencia: Crea zonas que inviten a reunirse, como una terraza con asientos cómodos o un fogatero. La casa es para vivirse.
Y si tienes niños, no temas al desorden: los espacios bien diseñados resisten la actividad y siguen siendo acogedores. La clave está en elegir materiales duraderos y tejidos lavables.
Un refugio con alma
Al final, lo que hace especial a esta casa no es solo su diseño impecable, sino la historia de una familia que encontró en la arquitectura una forma de conectar con la naturaleza y con los suyos. Como dice Bernard, es un lugar para sentarse, mirar la vista y relajarse. Y eso, en el ajetreo de la vida moderna, es un lujo que todas merecemos.

