A veces, para entender mejor la naturaleza, basta con mirar al suelo. Una marca en el barro, una pisada sobre la arena o un rastro que se pierde entre la vegetación pueden contar una historia completa. Qué animal pasó por allí. Hacia dónde iba. Cómo se mueve. Incluso qué tipo de entorno necesita para sobrevivir. Esa es la idea que inspira “Dejando Huella”, la iniciativa impulsada por JAECOO en Faunia.
La propuesta invita a los visitantes a convertirse en exploradores por un día y seguir las pistas de seis especies a través de un recorrido interactivo. No se trata solo de ver animales. Se trata de observar mejor, hacer preguntas y descubrir que cada especie forma parte de algo mucho más grande. El celular también entra en juego. Los códigos QR permiten ampliar información y acceder a curiosidades durante la visita. Así, la experiencia combina observación directa, aprendizaje y tecnología de una forma muy sencilla. Primero encuentras la pista. Después descubres la historia que esconde.
¿Qué nos dicen las huellas?
Una pisada no es solo una marca bonita sobre el suelo. Para quien sabe leerla, puede ser casi una firma. El número de dedos, la forma de las almohadillas, el tamaño o la distancia entre huellas ayudan a identificar qué especie estuvo allí. También hay otras pistas: pelos, plumas, restos de comida o excrementos. El rastreo de fauna permite conocer animales sin capturarlos y, muchas veces, sin llegar a verlos. Esto resulta especialmente interesante con especies esquivas o de hábitos nocturnos.
Una sucesión de pisadas puede revelar si el animal caminaba, corría o se desplazaba con calma. También puede indicar hacia dónde se dirigía. Aprender a interpretar estos rastros tiene algo muy evocador. Nos recuerda que la naturaleza está llena de vida incluso cuando parece silenciosa. Muchas cosas ocurren fuera de nuestra vista. Solo hay que aprender a mirar con más atención.
La conexión con el hábitat
Las huellas no cuentan únicamente quién pasó por un lugar. También nos invitan a mirar el entorno que rodea esa pisada. Ningún animal aparece de manera casual en un paisaje. Cada especie necesita unas condiciones concretas de alimento, agua, refugio, temperatura y espacio. Sus patas, su forma de moverse y su anatomía son el resultado de miles de adaptaciones. No es lo mismo desplazarse por terrenos blandos que trepar, nadar o correr. Por eso estudiar una especie significa también estudiar su hábitat.
El cuerpo de un animal cuenta parte de la historia del lugar donde vive. Esta conexión es una de las lecciones más bonitas de la biodiversidad. Nada existe aislado. Un rastro en el suelo puede conducirnos a entender una cadena completa de relaciones entre suelo, clima, vegetación y comportamiento animal.
Una experiencia gamificada en Faunia
La iniciativa “Dejando Huella” propone localizar seis especies durante la visita a Faunia. Y ese gesto cambia por completo la experiencia. En lugar de caminar de un espacio a otro mirando de forma pasiva, el visitante tiene una misión. Debe buscar pistas, fijarse en detalles y descubrir qué animal está detrás de cada rastro. Es casi una investigación en miniatura, pero pensada para disfrutarse de forma sencilla y familiar.
Esta dinámica funciona muy bien porque despierta curiosidad. Cuando buscamos algo, observamos mejor. Nos detenemos más. Prestamos atención a señales que normalmente pasarían desapercibidas. Y eso convierte la visita en algo más memorable. La biodiversidad deja de ser una palabra grande y algo abstracta. Se convierte en un juego de descubrimiento, en una pregunta abierta y en una forma de conectar con especies concretas.
Gamificación y aprendizaje
Convertir el aprendizaje en un desafío no le resta valor. Al contrario, puede hacerlo más eficaz. La gamificación utiliza recursos propios del juego, como la búsqueda, los objetivos y la recompensa, para aumentar la implicación. En “Dejando Huella”, encontrar una pista anima a seguir buscando hasta completar el recorrido. Esa sensación de avance hace que el aprendizaje resulte más natural. No parece una lección, sino una experiencia.
El papel de la tecnología
Aquí aparece también un puente interesante con el JAECOO 8 SHS. En Faunia, la tecnología ayuda a descubrir qué especie dejó una huella. En el auto, diferentes sistemas ayudan a interpretar mejor el terreno. Son mundos distintos, pero comparten una misma idea: la información hace que exploremos con más conciencia. Saber qué estamos viendo cambia la forma en que nos movemos.
Una vez localizada la pista, aparece la parte digital de la experiencia. Los códigos QR permiten acceder desde el celular a contenidos y curiosidades sobre cada especie. La ventaja es clara: primero observas, después amplías información. La pantalla no sustituye al animal ni al entorno. Solo añade contexto.
Esta fórmula resulta cada vez más habitual en museos, centros de interpretación y espacios educativos, porque permite ofrecer distintos niveles de lectura sin llenar el recorrido de paneles interminables. También hace que cada visitante avance a su ritmo. Quien quiera una explicación rápida puede obtenerla. Quien quiera saber más, también. En una época en la que estamos acostumbradas a buscar información al instante, usar el celular como herramienta de aprendizaje puede acercar la biodiversidad a públicos muy distintos, incluidos los más jóvenes.
Conceptos que cobran vida
Palabras como adaptación, hábitat o biodiversidad pueden sonar frías cuando aparecen en un libro. Pero todo cambia cuando se relacionan con un animal real. Una pata, una pluma, una forma de alimentarse o un comportamiento concreto hacen que esos conceptos se entiendan mucho mejor. Eso es el aprendizaje experiencial: vincular la información a algo que acabamos de observar.
Faunia ofrece un entorno donde esa conexión resulta muy intuitiva. Cada especie permite entender una solución distinta a los mismos retos de la vida: conseguir alimento, protegerse, reproducirse o desplazarse. Verlo de cerca ayuda a recordar. También despierta empatía. Y esa emoción es importante, porque muchas veces cuidamos mejor aquello que hemos aprendido a mirar con interés.
Conservación y redes ecológicas
La conservación empieza con una pregunta básica: ¿qué necesita una especie para vivir? Algunas dependen de hábitats muy concretos. Otras necesitan territorios amplios, alimento específico o condiciones determinadas para reproducirse. Cuando ese equilibrio se altera, sus poblaciones pueden verse afectadas. Por eso proteger biodiversidad no significa solo proteger animales individuales. También implica cuidar espacios, reducir presiones humanas y entender cómo evoluciona cada entorno.
Una experiencia como “Dejando Huella” acerca esta idea de forma sencilla, casi intuitiva. Al descubrir cómo vive una especie, comprendemos mejor por qué puede estar amenazada y qué papel ocupa dentro del ecosistema. En ese mismo espíritu de observación aparece el JAECOO 8 SHS, que acompaña la iniciativa desde otra forma de explorar: la movilidad. Sus sistemas de tracción, visión y gestión híbrida están pensados para adaptarse a distintos terrenos y leer mejor el entorno por el que avanza.
La biodiversidad como red
Un ecosistema no funciona como un álbum de especies independientes. Es una red. Cada organismo mantiene relaciones con muchos otros. Los depredadores influyen en sus presas. Algunos animales dispersan semillas. Muchos insectos participan en la polinización. Hongos y microorganismos ayudan a reciclar nutrientes. Incluso especies que pasan casi inadvertidas pueden tener funciones esenciales. Por eso, cuando una población desaparece o se reduce, las consecuencias pueden extenderse más allá de ella. Hablar de biodiversidad significa hablar de relaciones, equilibrios y dependencias.
Esta es una de las ideas más importantes que puede transmitir un recorrido como el de Faunia. No se trata solo de conocer animales bonitos o curiosos. Se trata de entender que todos forman parte de un sistema mayor. Y que cuidar ese sistema también nos afecta.
JAECOO 8 SHS: tecnología para explorar
La presencia del JAECOO 8 SHS en esta iniciativa introduce una lectura vinculada a la movilidad. Este SUV híbrido enchufable está pensado para desplazarse tanto por carretera como fuera del asfalto, y puede configurarse con cinco o siete plazas. Su plataforma T2X y sus sistemas de control responden a escenarios donde el terreno puede cambiar durante el recorrido.
La conexión con “Dejando Huella” está en esa idea de explorar con ayuda de la tecnología. En Faunia, una pista y un código QR ayudan a descubrir información sobre fauna. En el auto, sensores y sistemas electrónicos ayudan a interpretar el entorno para adaptar el funcionamiento del vehículo. En ambos casos, la tecnología no debería distraer de la experiencia. Debería hacerla más clara, más cómoda y más consciente.
Potencia y eficiencia del Super Hybrid System
El Super Hybrid System (SHS) del JAECOO 8 SHS combina un motor de gasolina 1.5 TGDI desarrollado para aplicaciones híbridas, tres motores eléctricos, una transmisión 3DHT y una batería CATL. El conjunto alcanza 315 kW, equivalentes a 428 CV, y 580 Nm de par. Más allá de la cifra de potencia, lo interesante está en cómo se coordina todo. Según las circunstancias, el sistema puede recurrir a la electricidad, a la combustión o a una combinación de ambas. La gestión electrónica evita que la persona al volante tenga que decidir continuamente qué fuente de energía utilizar.
Esa es una de las claves de los híbridos enchufables actuales. No solo importa tener distintos motores. Importa que trabajen juntos de forma fluida. La tecnología se vuelve más valiosa cuando desaparece del primer plano y permite manejar con naturalidad.
Autonomía y carga rápida
El JAECOO 8 SHS incorpora una batería de 34,46 kWh, una capacidad elevada para un híbrido enchufable, y homologa hasta 134 kilómetros en modo eléctrico. Con el apoyo de un depósito de 70 litros, la autonomía total supera los 1.000 kilómetros. Esta combinación explica hacia dónde se mueven los PHEV de nueva generación. Pueden cubrir muchos desplazamientos cotidianos en modo eléctrico, siempre que exista una recarga habitual, y mantener un amplio margen para viajes largos.
La batería admite hasta 70 kW en corriente continua y puede pasar del 30 al 80% en unos 25 minutos en condiciones adecuadas. Esto amplía su utilidad fuera de casa y hace que la parte eléctrica gane protagonismo. La clave, como siempre en un enchufable, está en aprovecharla de verdad.
Modos de conducción y asistencia
Salir de una carretera convencional introduce nuevas variables: adherencia, desniveles, obstáculos y superficies difíciles de interpretar. El JAECOO 8 SHS cuenta con seis modos de conducción: Normal, ECO, Sport, Arena, Nieve y Todoterreno. También utiliza el sistema ARDIS para adaptar la tracción y el reparto de potencia. A ello se suma una cámara HD de 540 grados, pensada para ofrecer una visión amplia del perímetro y ayudar a interpretar lo que ocurre bajo el vehículo.
La suspensión CDC ajusta electrónicamente los amortiguadores según la carretera y el movimiento del auto. Además, la función V2L permite suministrar hasta 6,6 kW a dispositivos externos, algo útil en determinadas actividades al aire libre. Todo esto refuerza una idea muy actual: explorar no significa ir a ciegas. Significa moverse con herramientas que ayudan a entender mejor el entorno.
Una invitación a mirar con atención
Una huella, un código QR y un sistema híbrido pueden parecer elementos muy distintos. Pero en “Dejando Huella” encuentran un punto en común: todos sirven para comprender mejor lo que nos rodea. En Faunia, el proceso empieza con una pista. Después llega la información. Finalmente, el visitante relaciona ese animal con su hábitat y con una red ecológica mucho más amplia.
JAECOO acompaña esa experiencia desde la innovación aplicada a la movilidad, con un modelo que utiliza electrificación, gestión inteligente de la tracción y sistemas de percepción para adaptarse a situaciones distintas. Pero quizá el aprendizaje más bonito ocurre antes de cualquier tecnología. Basta detenerse ante una pisada y pensar: alguien estuvo aquí. Descubrir quién fue abre la puerta a preguntarnos cómo vive, qué necesita y qué papel cumple en la naturaleza. Y entender esas relaciones es una de las formas más sencillas de empezar a valorar la biodiversidad.
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