¿Alguna vez has sentido que pierdes el control al comer? ¿Comes grandes cantidades aunque no tengas hambre y luego te sientes culpable? Si es así, es posible que hayas escuchado sobre el trastorno por atracón, pero ¿sabes realmente qué es? A pesar de ser el trastorno alimentario más común en Estados Unidos, sigue siendo uno de los más malinterpretados. Aquí te contamos todo lo que necesitas saber, directo de la mano de expertas en salud mental.
¿Qué es el trastorno por atracón?
El trastorno por atracón (BED, por sus siglas en inglés) no se trata solo de comer mucho de vez en cuando. Según la Dra. Cynthia Vejar, profesora asociada de consejería clínica en salud mental en Lebanon Valley College, “el trastorno por atracón ocurre cuando alguien tiene episodios repetidos de comer una gran cantidad de comida en un período corto de tiempo y siente que no puede parar o controlar cuánto está comiendo”. Es un patrón recurrente donde la persona se siente incapaz de manejar su alimentación, y no es simplemente excederse en una comida especial.
¿Por qué ocurre? No hay una sola causa
El trastorno por atracón no tiene una causa única. “Puede desarrollarse por una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales que interactúan entre sí”, explica Vejar. Por ejemplo, el estrés o las emociones difíciles pueden influir en la conducta alimentaria, y los factores biológicos o ambientales pueden moldear cómo reaccionamos a esos sentimientos. Esto también explica por qué el trastorno por atracón suele presentarse junto con otras condiciones como depresión, ansiedad o trastornos relacionados con el trauma, añade la Dra. Moriah O’Barr, psicóloga y directora clínica de Cultivating Courage Psychological Services.
Más que falta de voluntad: el impacto emocional
Para quienes lo padecen, los episodios de atracón pueden sentirse incontrolables y van acompañados de sentimientos intensos de angustia, vergüenza o culpa. Y es que la cultura de la dieta tiende a etiquetar el comer en exceso como algo que se puede “arreglar” con más fuerza de voluntad, lo que hace que muchas personas se culpen a sí mismas o no reconozcan que están experimentando un trastorno alimentario real y tratable. Esta falta de comprensión también dificulta conocer su verdadera prevalencia. Se estima que alrededor del 1.25% de las mujeres adultas y el 0.42% de los hombres adultos en EE. UU. lo padecen, pero la Dra. Jasmine Sawhne, psiquiatra y fundadora de Power of Psychiatry, enfatiza que “estos números probablemente no cuentan toda la historia”, ya que la vergüenza puede impedir que las personas hablen abiertamente de sus hábitos alimenticios.
Señales de alerta: ¿cómo reconocerlo?
El trastorno por atracón puede manifestarse de diferentes maneras, pero la característica principal es la sensación de perder el control con la comida. “Mis pacientes lo describen como: ‘No tenía hambre, pero una vez que empecé a comer, sentí que no podía parar’”, comparte la Dra. Sawhne. Durante un atracón, la persona puede comer más rápido de lo normal, seguir comiendo incluso después de sentirse incómodamente llena, o comer cuando no tiene hambre física. También puede comer sola o en secreto por vergüenza, esconder o acumular comida, o pasar mucho tiempo pensando en la comida. Después del episodio, es común sentir una culpa intensa y prometerse a sí misma que al día siguiente “se portará bien”, restringiendo alimentos o saltándose comidas. A diferencia de la bulimia, quienes tienen trastorno por atracón no recurren regularmente a vómitos, laxantes o ejercicio excesivo para compensar.
Diagnóstico: no hay una prueba de sangre
No existe un análisis de laboratorio que detecte el trastorno por atracón. El diagnóstico se basa en una evaluación integral con un profesional de salud mental. “Preguntamos sobre los patrones alimentarios, si sienten pérdida de control, la frecuencia de los episodios y el malestar que les causa”, detalla Vejar. Los clínicos también indagan sobre comportamientos durante y después de los atracones, así como la historia de salud física y mental. Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), para un diagnóstico formal se requiere que los atracones ocurran al menos una vez por semana durante tres meses.
Tratamiento: hay esperanza y recuperación
La buena noticia es que el trastorno por atracón es altamente tratable, y la recuperación no implica hacer dieta ni tener más fuerza de voluntad. El tratamiento se individualiza y se centra en romper el ciclo de restricción y atracón, abordar los pensamientos y emociones que lo alimentan, y construir una relación más consistente con la comida. La psicoterapia, especialmente la terapia cognitivo-conductual (TCC), es clave. Ayuda a identificar patrones como restringir alimentos durante el día, seguir reglas rígidas o usar la comida para lidiar con emociones difíciles, y luego trabajar para cambiarlos. También se desarrollan estrategias saludables para manejar el estrés, la ansiedad y la vergüenza.
Consejos para el día a día
Además del tratamiento clínico, hay acciones que pueden hacer más llevadero el proceso. Después de un atracón, evita saltarte la siguiente comida o hacer ejercicio para “compensar”; esto solo alimenta el ciclo. En su lugar, vuelve a comidas y refrigerios regulares y balanceados, y evita etiquetar los alimentos como “buenos” o “malos”. Prestar atención a qué sucede antes de un atracón (¿tienes mucha hambre, estrés, soledad o cansancio?) puede ayudarte a identificar tus detonantes. Llevar un registro sencillo y sin juicios de estos patrones, no de calorías ni peso, es útil para entender mejor tus hábitos.
Sin embargo, estas estrategias no sustituyen la ayuda profesional. La Dra. Vejar aconseja: “Si regularmente te sientes fuera de control con la comida, sientes culpa o vergüenza significativa después de comer, o notas que tu alimentación está afectando tu salud o tu vida diaria, habla con un médico, terapeuta o especialista en trastornos alimentarios”. Y como bien dice la Dra. O’Barr: “Nadie elige tener un trastorno alimentario; no se sale con fuerza de voluntad ni con más disciplina. La recuperación comienza con tratarte con compasión y construir un equipo de apoyo que entienda estos trastornos y te ayude a avanzar”.
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