En México, la salud de las mujeres, especialmente de las madres, suele quedar al final de la lista de prioridades. Entre el trabajo, el cuidado de los hijos, las responsabilidades del hogar y, en muchos casos, el sostén económico de la familia, el autocuidado se convierte en un lujo que pocas pueden darse. Sin embargo, los especialistas advierten que esta postura puede tener consecuencias graves, no solo para ellas, sino para todo su entorno.
El médico bariatra David Montalvo Castro, especialista en medicina cannábica, lo explica con claridad: “El autocuidado no es opcional. Muchas mujeres están al frente de todo —familia, trabajo, responsabilidades— y su salud queda al final. El problema es que el cuerpo sí cobra factura”. Y es que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares causan alrededor de 12 millones de muertes al año en el mundo, y aunque suelen asociarse con la edad, cada vez aparecen más temprano, incluso en mujeres jóvenes que descuidan su bienestar físico y emocional.
El enfoque de la salud femenina no puede limitarse a la etapa materna. Se trata de un abordaje integral que incluye bienestar físico, mental y prevención a lo largo de toda la vida. Sin embargo, en la práctica, muchas madres mexicanas postergan sus chequeos médicos, ignoran síntomas persistentes y normalizan el agotamiento extremo. La cultura del sacrificio, tan arraigada en la sociedad, las empuja a poner a los demás primero, mientras su propio cuerpo acumula desgaste.
Los datos respaldan la preocupación. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), las enfermedades del corazón son la principal causa de muerte en mujeres mexicanas, seguidas de la diabetes mellitus y los tumores malignos. Muchas de estas condiciones podrían prevenirse o detectarse a tiempo con revisiones periódicas, pero la falta de tiempo, recursos o información impide que las mujeres accedan a la atención necesaria. Además, la salud mental sigue siendo un tema tabú: la depresión y la ansiedad afectan a un porcentaje significativo de madres, especialmente aquellas que enfrentan jornadas dobles o triples.
El costo de descuidar la salud no solo es personal, sino familiar y social. Una madre enferma repercute en la dinámica del hogar, en la economía y en el bienestar de los hijos. Por eso, los expertos insisten en que el autocuidado no es egoísmo, sino una necesidad. Incorporar hábitos como una alimentación balanceada, actividad física moderada, chequeos médicos regulares y atención a la salud mental puede marcar la diferencia entre una vida plena y una marcada por la enfermedad.
En este contexto, el Día de las Madres no solo debería ser una fecha para celebrar, sino también para reflexionar sobre las condiciones en las que viven y se cuidan las mujeres que sostienen a las familias mexicanas. Fomentar una cultura de prevención y autocuidado es una deuda pendiente que el país tiene con ellas. La invitación es clara: dejar de normalizar el agotamiento y empezar a priorizar la salud como el pilar que realmente es.

