Después de más de dos décadas marcando tendencia en la industria de la moda, Ana Locking no solo ha dejado una huella imborrable con sus diseños, sino que también guarda sueños por cumplir y confesiones que nos hacen conocerla más allá de las pasarelas. Con su exposición Nostalgia/Utopía en la Sala Canal de Isabel II de Madrid, que estará abierta del 4 de marzo al 12 de julio y reúne 160 de sus creaciones más icónicas, la diseñadora se abre en un cuestionario estilo Proust que revela desde sus aspiraciones más altas hasta sus pequeñas manías cotidianas.
Los sueños que aún la motivan
¿Qué le queda por hacer a alguien que ha visto casi todo en la moda? Para Ana, la lista es tan fascinante como diversa. “Viajar a la luna, por ejemplo”, confiesa con una sonrisa. “Pero ya desde la tierra, sería un sueño hacer el vestuario escénico para una ópera. Y si me dejas soñar muy alto, desearía que fuera bajo la dirección de Romeo Castellucci o Krzysztof Warlikowski”. Aunque lamenta que con Robert Wilson ya no sea posible, su visión artística sigue buscando nuevos horizontes.
Nostalgia de los desfiles y admiración por los grandes
Al preguntarle por aquello que extraña después de más de 20 años en la industria, su respuesta es clara: “De volver a hacer desfiles”. Esa energía única de la pasarela sigue latente en ella. En cuanto a diseñadores que admira, menciona a figuras como John Galliano, Glenn Martens, Matthieu Blazy, Louise Trotter y Thom Browne, mostrando un gusto ecléctico y contemporáneo.
Diseños soñados y confesiones de moda
Si pudiera haber inventado algo, Ana lo tiene claro: “La fregona, y ahora estaría respondiendo esta entrevista desde algún lugar paradisiaco”. Pero en el ámbito de la moda, sus aspiraciones incluyen el bolso motorcycle de Balenciaga o los zapatos armadillos de Alexander McQueen. Entre sus propias experiencias, reconoce que hubo una pieza de la que renegó al principio pero que terminó adoptando: la riñonera. “La moda es así, a veces te sorprende”, comenta.
En su armario, guarda con cariño un vestido cóctel del desfile otoño-invierno 2008 de Nicolas Ghesquière para Balenciaga, describiéndolo como su pieza más valiosa. Su último capricho en moda fue el bolso Rodeo de Balenciaga, que compró de segunda mano en Vestiaire Collective, demostrando su interés por la moda circular.
Secretos de belleza y estilo de vida
Ana Locking también comparte sus descubrimientos en belleza, destacando la Gua Sha como su último hallazgo. “Creo que en Cádiz aún no se ha agotado”, bromea. En cuanto a su estilo de vida, revela que nunca se cansa de comer arroz en cualquiera de sus versiones, y que Berlín es ese destino al que intenta viajar al menos una vez al año, sin cansarse jamás.
Inspiraciones y manías personales
Fuera del mundo de la moda, Ana disfruta de los discos musicales completos, evitando poner canciones sueltas en bucle. Entre sus talentos ocultos, destaca hacer dibujos hiperrealistas a carboncillo, mientras que le gustaría ser políglota, admirando a quienes hablan varios idiomas. Lo que más le atrae de una persona es el sentido del humor, y confiesa que su novio y su amigo Jota son quienes la hacen reír a carcajadas.
Sus conversaciones favoritas giran en torno al cine, series, emociones y “la extraña cotidianidad que nos rodea”. La película Qué bello es vivir de Frank Capra es la que más veces ha visto, y entre sus manías, menciona que le molesta el sonido de la gente que camina arrastrando los pies. “Las personas que dan la mano floja” son lo que más le aburre del mundo.
Reflexiones finales y elegancia
Al preguntarle por la elegancia, Ana responde con ironía: “Un cliché”. Antes de dormir, su último pensamiento suele ser “Ojalá me duerma pronto, el insomnio me mata”, mostrando una faceta más humana y cercana. Para ella, el mejor espectáculo en el que ha estado fue el Blond Ambition de Madonna en 1990, y si pudiera llevar a casa una obra de arte, elegiría la fotografía Picture for Women de Jeff Wall.
Entre sus aspiraciones en Hollywood, le gustaría vestir a Nicole Kidman, y en literatura, siempre vuelve a Susan Sontag y Enrique Vila-Matas. Aunque se describe sin excentricidades por no ser “rica como para permitírselas”, su visión única y auténtica es lo que la mantiene como una figura relevante en la moda internacional.
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