Imagen ilustrativa

¿Alguna vez te ha pasado que un desconocido te empuja en la calle sin motivo aparente? Muchas de nosotras hemos vivido situaciones similares, donde compartir el espacio público parece convertirse en un campo minado de interacciones agresivas. Esta semana, una experiencia personal me hizo reflexionar profundamente sobre cómo los hombres a veces sienten el derecho de “corregir” nuestro comportamiento en lugares públicos.

Iba caminando por una calle peatonal completamente vacía, absorta en mis pensamientos, cuando de repente sentí un empujón fuerte por la espalda. Al girarme, me encontré con un hombre que me gritaba que había “interrumpido su camino”. Lo absurdo de la situación me dejó paralizada: a nuestro alrededor solo había aceras amplias y despejadas, sin nadie más. Él siguió su camino con su chaqueta azul y mochila técnica, como si nada hubiera pasado, mientras yo me quedaba ahí, congelada por la confusión y la indignación.

¿Por qué algunos hombres sienten que deben “enseñarnos” cómo comportarnos?

Esta experiencia no es única. Conversando con amigas y colegas, descubrí que muchas han vivido situaciones similares: desde comentarios no solicitados sobre cómo caminamos hasta empujones físicos justificados con excusas ridículas. Parece existir una creencia tácita de que el espacio público es territorio masculino que nosotras solo ocupamos con permiso.

Lo más preocupante es cómo estas microagresiones se normalizan. El hombre que me empujó actuó con total naturalidad, como si su comportamiento fuera completamente aceptable. Y en el momento, mi reacción fue de shock y paralización, algo que lamentablemente muchas mujeres experimentamos cuando enfrentamos agresiones inesperadas.

Reacciones comunes y por qué nos congelamos

Cuando enfrentamos situaciones violentas o agresivas inesperadas, nuestro cerebro puede entrar en modo de “congelación”. Esto no es debilidad, sino una respuesta biológica al estrés extremo. Algunas reacciones comunes incluyen:

  • Parálisis momentánea: El cuerpo se queda inmóvil mientras procesa lo que está sucediendo
  • Incredulidad: “¿Realmente acaba de pasar esto?”
  • Minimización: “Quizás exagero, tal vez fue un accidente”
  • Autoculpa: “Debí haberme dado cuenta, debí moverme”

Consejos prácticos para enfrentar estas situaciones

Después de reflexionar sobre mi experiencia y conversar con expertas en seguridad personal, he recopilado algunas estrategias que pueden ayudarnos a manejar mejor estas situaciones:

1. Reconocer que no es tu culpa

El primer paso es entender que nadie tiene derecho a tocarte sin tu consentimiento, mucho menos a empujarte o agredirte físicamente. No importa si “estabas en su camino” o si “no te diste cuenta”: la violencia nunca está justificada.

2. Técnicas de seguridad básica

  • Mantén la conciencia situacional: Intenta estar atenta a tu entorno sin obsesionarte
  • Confía en tu intuición: Si alguien te hace sentir incómoda, aléjate
  • Ten preparadas frases asertivas: “Por favor, respete mi espacio personal” o “No me toque”

3. Cómo reaccionar en el momento

Si te enfrentas a una situación similar:

  1. Respira profundamente: El oxígeno ayuda a pensar con claridad
  2. Aléjate si es seguro: Tu seguridad física es lo más importante
  3. Busca testigos: Si hay personas alrededor, haz contacto visual con ellas
  4. Considera reportar: Dependiendo de la gravedad, podría valer la pena hacer una denuncia

El impacto psicológico de la violencia callejera

Estas experiencias no son “pequeñas” ni “insignificantes”. Cada interacción agresiva nos afecta psicológicamente, contribuyendo a lo que se conoce como “carga mental de la seguridad femenina”. Constantemente estamos evaluando riesgos, planeando rutas seguras y monitoreando nuestro entorno de manera que muchos hombres ni siquiera consideran.

Esta hipervigilancia tiene consecuencias reales: aumenta nuestros niveles de estrés, limita nuestra movilidad y, en casos extremos, puede llevar al desarrollo de trastornos de ansiedad. Es importante reconocer estos efectos y buscar apoyo si necesitamos procesar experiencias traumáticas.

Creando comunidades más seguras

Como mujeres, podemos apoyarnos mutuamente de varias maneras:

  • Validar las experiencias de otras mujeres: Cuando alguien comparte una historia de acoso o agresión, creerle
  • Intervenir de manera segura: Si ves a otra mujer en una situación incómoda, preguntar “¿estás bien?” puede marcar la diferencia
  • Educar a los hombres en nuestras vidas: Compartir estas experiencias puede ayudar a crear conciencia

Recuperando nuestro derecho al espacio público

Las calles, parques y plazas nos pertenecen a todas por igual. No debemos aceptar que nuestro derecho a ocupar el espacio público sea cuestionado o limitado por la agresión de extraños. Cada vez que salimos de nuestras casas, estamos ejerciendo nuestro derecho a la ciudad, y nadie debería hacernos sentir que ese derecho es condicional.

Mi experiencia me enseñó varias lecciones importantes: que nuestra seguridad es prioridad, que nuestras reacciones (incluyendo la congelación) son válidas, y que tenemos el poder de apoyarnos mutuamente. La próxima vez que camine por esa calle peatonal, lo haré con la cabeza alta, recordando que tengo tanto derecho a estar ahí como cualquier otra persona.

Otros artículos relacionados:

Por Editor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *