La temporada navideña, aunque alegre, puede exacerbar tensiones familiares y expectativas sociales que generan un estrés significativo. Feggy Ostrosky, neuropsicóloga y profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica: “Las reuniones familiares activan dinámicas antiguas y roles que creíamos superados. La clave está en establecer límites psicológicos claros antes de llegar, y recordar que somos adultos, no los niños de esas dinámicas pasadas”. La presión por una “Navidad perfecta” es una fuente importante de ansiedad.
Para manejar conversaciones incómodas o críticas, la terapeuta familiar Alejandra Sánchez, fundadora de “Psiq”, recomienda técnicas de comunicación asertiva. “Practiquen frases deflectoras como ‘Es interesante que lo veas así, yo lo vivo de otra manera’, o ‘Prefiero enfocarnos en lo positivo de estar juntos hoy’. Cambiar de tema hacia anécdotas neutras o planes futuros también es efectivo”. Es crucial dosificar el tiempo: darse permiso para tomar breaks, salir a caminar unos minutos o refugiarse en una tarea práctica como ayudar en la cocina.
Finalmente, proteger la paz mental requiere autocuidado activo. El psicólogo Walter Riso, autor de libros sobre bienestar emocional, enfatiza: “No deleguen su autoestima en la aprobación familiar. Lleven una meta personal realista para la reunión, como ‘disfrutar de la comida’ o ‘conectar con mi hermana’, en lugar de ‘que todos estén felices’. Su bienestar es su responsabilidad”. Practicar gratitud por los aspectos positivos de la reunión, por pequeños que sean, ayuda a reencuadrar la experiencia.

