¿Alguna vez te has mirado al espejo y notado que tu rostro ya no tiene la misma definición de antes? No estás sola. La flacidez facial es una de las preocupaciones más comunes entre las mujeres, especialmente a partir de los 30 años. Pero, ¿por qué ocurre este fenómeno y qué podemos hacer para retrasarlo? Hablamos con expertas en dermatología y medicina estética para desentrañar los secretos de un rostro firme y juvenil.
No solo son arrugas: el envejecimiento facial desde dentro
El envejecimiento facial no se limita a las líneas de expresión o las manchas. Según la doctora Cristina García Millán, dermatóloga experta en estética, afecta a todas las capas del rostro: hueso, grasa, ligamentos, músculo y piel. Con los años, se produce una reabsorción ósea, especialmente en pómulos, mandíbula y mentón, lo que altera el soporte profundo. Además, la grasa facial cambia de posición y los tejidos pierden firmeza.
¿Cuándo empieza a notarse?
A partir de los 25-30 años, perdemos colágeno a un ritmo del 1% anual. Sin embargo, el cambio visible suele llegar entre los 35 y 45 años, cuando confluyen varios factores. La doctora Ana Revuelta, médico estético, explica que este proceso es biológico y perfectamente descrito, no una simple sensación subjetiva.
Claves para prevenir la flacidez facial
Evitar completamente la flacidez no es posible, pero sí podemos ralentizar el proceso e incluso corregirlo si actuamos a tiempo. La prevención moderna se basa en mantener activos los mecanismos naturales de sostén, no en esperar a que algo caiga para rellenarlo.
Rutina de cuidado diario
La farmacéutica Marta Masinos recomienda una rutina cosmética específica:
- Por la mañana: Usa antioxidantes como ácido ferúlico, vitamina C y E para combatir radicales libres. Aplica proteoglicanos en pieles secas y termina siempre con un buen fotoprotector, la mejor crema antiedad.
- Por la noche: Opta por productos con DMAE y péptidos reafirmantes. Finaliza con una crema emoliente con factores de crecimiento, ceramidas o ácido hialurónico para fortalecer la barrera cutánea.
Nutricosméticos que marcan la diferencia
El colágeno oral hidrolizado de calidad, como el Peptan, ayuda a la formación endógena de colágeno. Combinado con vitamina C y ácido hialurónico oral, actúan en sinergia para evitar la degradación del colágeno y la elastina. Antioxidantes como la SOD o el resveratrol también son clave para neutralizar radicales libres.
Atención especial durante la perimenopausia y menopausia
En esta etapa, la piel es uno de los órganos más afectados por la bajada de estrógenos. La farmacéutica Teresa Bueno señala que la falta de firmeza pasa a primer plano, mientras las arrugas quedan en segundo lugar. La piel pierde hidratación y luminosidad de manera notable.
Consejos para esta etapa
Bueno insiste en que la piel no necesita más productos, sino mejores. El ácido hialurónico sigue siendo un gran aliado, pero el gesto más importante sigue siendo el protector solar. Por la noche, recomienda cosmética con retinoides (retinol o retinal) para estimular la producción de colágeno, acompañada de péptidos y activos redensificantes.
Tratamientos estéticos y cirugía mínimamente invasiva
Cuando la rutina cosmética no es suficiente, existen opciones profesionales. La doctora García Millán recomienda tecnologías como la radiofrecuencia con microagujas (Potenza) o el láser CO2, que estimulan la producción de colágeno. También es fundamental dar soporte profundo con ácido hialurónico de alta densidad para recolocar tejidos.
¿Cuándo considerar la cirugía?
La doctora Silvia Rosón, cirujana maxilofacial, habla de técnicas que reposicionan tejidos profundos en lugar de solo tensar la piel. No hay una edad fija para someterse a cirugía; depende del estado de los tejidos y el momento vital del paciente. Una cirugía bien indicada y realizada a tiempo ofrece resultados más naturales y duraderos.
Conclusión: la constancia es clave
La flacidez facial no se corrige en semanas. Requiere constancia, paciencia y una rutina bien elegida. Combinar cuidado diario, nutricosméticos y tratamientos profesionales cuando sea necesario puede marcar la diferencia. Recuerda: el sol es el mayor acelerador del envejecimiento cutáneo, así que nunca olvides tu protector solar.
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