Imagina una ciudad diseñada para imponer distancia, con edificios gubernamentales que parecen piezas de un futuro distante. Ahora, imagina que ese espacio se llena de vida, memoria y afecto con más de 350.000 mujeres negras marchando por sus derechos. Eso fue exactamente lo que sucedió en Brasilia durante la Marcha de las Mujeres Negras, un evento que no solo llenó las calles, sino que también resonó en los corazones de quienes participaron.
Un movimiento que crece y se fortalece
La primera edición de esta marcha tuvo lugar en 2015, y desde entonces, el movimiento de mujeres negras no ha hecho más que crecer. “Después de la Marcha de 2015 hubo un crecimiento del movimiento: surgieron nuevas organizaciones y otras se fortalecieron”, explica Alane Reis, comunicadora y activista del Movimento de Mulheres Negras. Lo que comenzó como una protesta se ha convertido en una fuerza imparable que exige cambios concretos.
Reparación: más que una palabra, una demanda concreta
El lema de esta edición fue “Reparación y buen vivir”, dos conceptos que van de la mano. Para las mujeres negras, la reparación no es solo una compensación económica; es una práctica política que busca revertir las desigualdades heredadas de la esclavitud y el colonialismo. “Cuando hablamos de reparación estamos hablando de políticas públicas, de presupuesto nacional, de fondos y de condiciones reales para que la población negra pueda vivir con dignidad”, agrega Fabiana Pinto, integrante del Comité Nacional de la Marcha.
La interseccionalidad como clave del éxito
Una de las características más destacadas de esta marcha es su enfoque interseccional. “La interseccionalidad es la clave de este evento y lo que realmente tiene futuro por hacer visible la manera en que las personas somos afectadas por las discriminaciones en toda la amplitud de la diversidad que sufrimos”, dice Ana Irma Rivera, activista feminista afrodescendiente puertorriqueña. Este enfoque permite abordar las múltiples formas de opresión que enfrentan las mujeres negras, desde el racismo hasta el sexismo y la desigualdad económica.
Más de 70 actividades y debates paralelos
La marcha no se limitó a un solo evento. Durante más de un año, 16 comités temáticos trabajaron en la organización de más de 70 actividades y debates paralelos. Estos espacios permitieron profundizar en temas como justicia climática, salud, educación y representación política. Flore May, mujer afromaya y activista mexicana de Afropoderosas, recuerda con alegría esos días: “La alegría de las personas fue notable. Ver a todas, sin importar la barrera del lenguaje ni las diferencias fenotípicas, unidas y sonriendo”.
Justicia climática y afrofuturos
Pocas semanas antes de la marcha, la ciudad de Belém do Pará fue sede de la COP30, el mayor evento mundial sobre cambio climático. Las mujeres del Comité por la Justicia Climática de la Marcha de las Mujeres Negras estuvieron presentes para asegurar que las voces de las mujeres negras fueran escuchadas. “Nuestro trabajo fue movilizar y construir una agenda común para mostrar que la justicia climática impacta directamente la vida de las mujeres negras, de sus territorios y sus formas de organización”, cuenta Maria Malcher, integrante de ese comité.
Reparación no es compensación ambiental
Uno de los puntos más importantes que se destacaron durante la marcha fue que la reparación no puede reducirse a una simple compensación ambiental. “No alcanza con ofrecer créditos de carbono o soluciones verdes aisladas de otros aspectos sociales, culturales”, advierte Malcher. En cambio, la reparación debe ser integral y abordar todas las dimensiones de la desigualdad.
La representación política: un desafío pendiente
En Brasil, las mujeres negras representan cerca del 28% de la población, pero su representación en el Parlamento es mínima. De los 513 escaños, solo 9 son ocupados por mujeres negras. Durante la marcha, el Palacio Legislativo se convirtió en un espacio de visibilidad para esta ausencia. En una sesión solemne en homenaje a la marcha, la ministra de Derechos Humanos y Ciudadanía, Macaé Evaristo, rodeada de diputadas y otras autoridades -todas mujeres negras-, exigió que se les permita vivir con dignidad.
Un manifiesto que mira hacia adelante
El manifiesto de la marcha lo dice sin rodeos: “Solo alcanzaremos el buen vivir si existen acciones concretas de reparación que reconozcan la centralidad de la participación activa de la población negra en la construcción de las naciones”. Este documento no solo enumera demandas, sino que también propone soluciones y compromisos concretos por parte del Estado.
Afrofuturos: un futuro ancestral
Para Janira Sodré, educadora y fundadora de Coletiva Pretas de Angola, el futuro del movimiento de mujeres negras está en los “afrofuturos”: futuros que, paradójicamente, también son ancestrales. “En comunidades quilombolas, las mujeres viven el bioma y lo preservan. No es romanticismo, sino prácticas económicas, sociales y culturales que entienden la vida como interdependencia”, explica. Estos futuros están sostenidos en saberes heredados y en formas de relación con la naturaleza que ya existen en muchas comunidades.
Un movimiento global
La Marcha de las Mujeres Negras no es solo un evento brasileño; es un movimiento global que reúne a mujeres de toda América Latina, Estados Unidos y otras partes del mundo. En México, la población afrodescendiente supera los 2,5 millones de personas, mientras que en Uruguay representa alrededor del 10,5% de la población. En toda América Latina y el Caribe, cerca del 25% de la población se identifica como afrodescendiente, lo que convierte a este movimiento en una fuerza demográfica y política de gran importancia.
Conclusión: un llamado a la acción
La Marcha de las Mujeres Negras es más que una protesta; es un llamado a la acción para construir un futuro más justo y equitativo. Como dijo la diputada Talíria Petrone: “No hay reconstrucción posible que no pase por las manos de las mujeres negras. No hay bien vivir posible que no pase por nuestras manos”. Este evento demuestra que, cuando las mujeres negras se unen, son capaces de transformar no solo las calles, sino también las políticas y las narrativas que las rodean.
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