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En el episodio 150 del pódcast La Belleza es Nuestra, Tamara Falcó se abrió de par en par y compartió una confesión que muchas mujeres entenderán: hubo un tiempo en que creía que su valor dependía por completo de lo que pesaba. Hoy, a sus 44 años, la socialité española asegura que ha aprendido a encontrar el equilibrio y a sentirse sana, aunque no encaje en el ideal de belleza impuesto.

La entrevista, que se ha convertido en tendencia en redes sociales, toca temas como la presión estética, la salud mental, el entrenamiento de fuerza y la herencia de belleza de su madre, Isabel Preysler. Tamara habla sin filtros de su lucha contra los trastornos alimentarios, su conversión religiosa y hasta de cómo se pinta las uñas de rojo para recordar a su padre fallecido.

De la obsesión por el peso a la aceptación

Tamara Falcó no oculta su pasado. Reconoce que ha fluctuado mucho de peso: llegó a pesar 48 kilos y también 75. “Antes creía que mi valor estaba totalmente basado en lo que pesaba”, confiesa. Pero un consejo de su terapeuta le cambió la perspectiva: “¿Estás en tu normopeso? Pues entonces estás bien”.

Ese rango de “estoy sana” le ayudó a soltar la presión. “Puede que no esté dentro del ideal de belleza, que no quepa en toda la ropa de los showrooms o que no encaje en el modelo que se lleva en ese momento, pero estoy sana”, afirma con seguridad.

La entrevistada también reflexiona sobre cómo los cánones de belleza han cambiado. Nacida en los 80 y adolescente en los 90, creció con el icono de Kate Moss y la extrema delgadez. Hoy ve con buenos ojos que las jóvenes cuestionen imposiciones como la depilación. “Si ves la trayectoria de la belleza a lo largo de la historia, ha habido momentos en los que las mujeres llevaban corsés que les hacían daño”, recuerda.

La belleza como terapia y herencia familiar

Para Tamara, la belleza no es solo vanidad; es una herramienta para sentirse bien. “Utilizo mucho la belleza como una especie de terapia”, dice. Esa pasión viene de lejos: de niña observaba a su madre, Isabel Preysler, maquillarse y un día, al volver del colegio, se maquilló como ella. “Se quedó bastante en shock”, recuerda entre risas.

De su madre también heredó rutinas como el “día de fruta” después de los excesos del fin de semana, la importancia de beber agua y las infusiones, y el descanso. “Intento pasar mucho tiempo con la cara lavada”, añade.

Pero no todo ha sido glamour. Cuando murió su padre, Carlos Falcó, marqués de Griñón, Tamara atravesó un momento muy duro. Para sobrellevarlo, empezó a pintarse las uñas de rojo, un recordatorio de que a su padre le encantaba una mujer bien arreglada. “Era una forma de no dejarme ir”, confiesa. Esa pequeña rutina se convirtió en un acto de autocuidado.

Entrenamiento de fuerza y salud integral

La socialité no se queda en la superficie. Habla abiertamente de su relación con la comida: se define como “tragona” y admite que tiende a desordenarse. Por eso acude a una endocrina, Teresa Armenta, y tiene un entrenador personal. “El año pasado quería adelgazar y me estaba resultando súper difícil. A los tres meses me estanqué y Teresa me dijo: ‘Tamara, tienes que subir tu masa muscular'”, relata.

Así descubrió el entrenamiento con pesas, que antes asociaba a los hombres. “Para mí, empezar a hacer pesas ha supuesto que muchos dolores musculares se hayan ido”, asegura. Lleva casi un año y medio entrenando con Juan, un fisio recuperador, y está encantada a pesar de lo duro que es.

La entrevista también aborda la salud mental. Tamara lleva años en terapia y ha aprendido a hablarse con cariño. Cita una frase que le impactó: “Si hablaras a tu mejor amiga como te hablas a ti misma, no tendrías mejor amiga”. Reconoce que antes se exigía demasiado y que la terapia le ha ayudado a ordenar su historia familiar, marcada por la separación de sus padres y la marcha de sus hermanos.

Fe, longevidad y rutinas de belleza

A los 27 años, Tamara se convirtió al catolicismo. “Pensé: ‘Pues yo ya he hecho todo el rock and roll'”, dice. Desde entonces habla de su fe con naturalidad y asegura que le ha dado un sentido a su vida.

En cuanto a sus rutinas de belleza, es meticulosa. Se limpia la piel religiosamente, usa bruma, sérum, contorno de ojos, protección solar y una mascarilla enzimática semanal. “Tengo la suerte de trabajar con Sisley”, menciona. Para el cabello, se lava a diario porque lo tiene graso.

Sobre la medicina estética, no tiene problemas en hablar: se hizo radiofrecuencia Thermage y prefiere tener ciertas arrugas antes que abusar de los inyectables. “Creo que no te puedes volver loca”, aconseja. También visita a una doctora especializada en longevidad y se interesa por la medicina ambiental.

Redes sociales y equilibrio emocional

Tamara se sincera sobre el lado oscuro de las redes: “Me juzgan sin parar”. Recuerda cuando usó Invisalign y muchos pensaron que se había retocado el labio. “Se fijan en todo, es impresionante”, dice. Por eso bloquea sin piedad a los haters.

A pesar de todo, se define como optimista, aunque si no duerme, todo se le hace cuesta arriba. Sus cinco claves para el bienestar son: intentar ser feliz, beber suficiente agua, una buena limpieza facial, ejercicio y pasar tiempo con la gente que quiere.

Con esta entrevista, Tamara Falcó demuestra que la belleza va más allá del físico y que el verdadero valor está en la salud, el equilibrio y el amor propio.

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Por Editor

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