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¿Te sientes agotada todo el tiempo? No eres la única. Un nuevo informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos reveló que casi 3 de cada 4 adultos experimentan fatiga. Pero lo más llamativo es que las mujeres y los adultos jóvenes son los más afectados.

El estudio, publicado el 3 de septiembre por el Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS), analizó datos de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud de 2024. Los resultados son claros: la fatiga es una queja común y puede afectar seriamente la vida diaria.

¿Qué es la fatiga y por qué es más que solo cansancio?

La fatiga no es simplemente sentirse somnolienta o cansada después de un día largo. Es una sensación extrema de agotamiento y falta de energía que interfiere con tus actividades diarias y que no mejora con el sueño. Puede ser un síntoma de otras condiciones de salud o un efecto secundario de medicamentos, pero también está muy ligada al estrés crónico.

El informe encontró que el 71.5% de los adultos reportaron fatiga al menos algunos días, y un 10.7% la experimenta la mayoría de los días. La fatiga frecuente, es decir, casi todos los días o todos los días, fue reportada por el 16.6% de los adultos.

Mujeres y jóvenes: los más afectados

El estudio reveló que las mujeres tienen una mayor probabilidad de experimentar fatiga frecuente en comparación con los hombres: un 20% de ellas la reportó. En cuanto a la edad, los adultos jóvenes de 18 a 34 años también presentaron altos niveles, con un 19.5% experimentando fatiga frecuente.

¿Por qué sucede esto? Según el Dr. Matt Glowiak, especialista en adicciones y salud mental, “las mujeres y los adultos jóvenes a menudo enfrentan presiones únicas que pueden contribuir a la fatiga. Muchas mujeres equilibran múltiples responsabilidades de cuidado, profesionales y personales, mientras que los adultos jóvenes navegan transiciones importantes en la vida, incertidumbre financiera y altas expectativas sociales”.

Además, ambos grupos pueden ser más conscientes y estar más dispuestos a reconocer sus experiencias con la salud mental y el bienestar, lo que influye en cómo se reconoce y reporta la fatiga.

Diferencias por raza y región

El informe también encontró diferencias en la fatiga frecuente según raza y etnicidad:

  • Adultos indios americanos y nativos de Alaska: 25.5%
  • Adultos blancos: 18%
  • Adultos negros: 17.3%
  • Adultos hispanos: 12.9%

Por región, la fatiga frecuente fue más común en el Sur (17.7%) y el Medio Oeste (17.5%). También fue más prevalente en áreas rurales (20.5%) que en urbanas (14.5%).

¿Cómo afecta la fatiga a la vida diaria?

Las personas con fatiga frecuente también reportaron otras dificultades en su funcionamiento:

  • 69.6% reportó síntomas de ansiedad
  • 46.1% reportó dificultades cognitivas
  • 45% reportó síntomas de depresión

Comparado con quienes no tienen fatiga frecuente, aquellos que la experimentan tienen más del triple de probabilidades de tener síntomas de depresión y el doble de probabilidades de reportar dificultades cognitivas y ansiedad.

La fatiga también impacta el trabajo y la vida social. El 36% de las personas con fatiga frecuente reportó limitaciones laborales. En cuanto a actividades sociales, el 16.2% reportó alguna dificultad, mientras que el 12.8% dijo tener mucha dificultad o no poder realizarlas en absoluto.

Intensidad de los síntomas

La mayor proporción de personas con fatiga frecuente (45.3%) reportó que sus síntomas duraban parte del día, mientras que el 34.5% dijo que la fatiga duraba la mayor parte del día, y el 20.2% que duraba todo el día.

En cuanto a la intensidad, el 46.8% describió su fatiga como “entre poco y mucho”, el 38.8% como “mucho” y el 14.5% como “poco”.

El estrés crónico, un factor clave

Aunque la fatiga puede ser síntoma de otras condiciones médicas, el estrés crónico juega un papel importante. El estrés prolongado puede alterar hormonas como el cortisol y la adrenalina, lo que contribuye al agotamiento.

La encuesta más reciente de Estrés en América de la Asociación Americana de Psicología encontró que la mayoría de los adultos se sienten aislados, excluidos y más estresados por el futuro que antes. “Cuando el estrés se vuelve crónico, la fatiga puede convertirse en una parte común de la vida diaria en lugar de una experiencia ocasional”, advierte Glowiak.

Fatiga y menopausia: una conexión frecuente

Durante la menopausia, la fatiga surge de una compleja mezcla de cambios metabólicos, hormonales y psicosociales que pueden desequilibrar la energía del cuerpo. De todos los síntomas que empeoran durante la menopausia, la fatiga es clínicamente significativa porque puede ser incapacitante.

Un estudio encontró que el 85.3% de las mujeres posmenopáusicas y el 46.5% de las perimenopáusicas reportaron agotamiento físico y mental.

¿Cómo manejar la fatiga y cuándo consultar al médico?

Si tu fatiga dura más de un par de semanas o interfiere con tus actividades diarias, es recomendable hablar con un profesional de la salud. También si es severa o viene acompañada de otros síntomas como pérdida de peso inexplicable, dificultad para respirar o fiebre.

El manejo de la fatiga comienza por identificar los posibles contribuyentes. El Dr. David Cutler, médico de familia, señala que “las posibles causas de la fatiga, tanto físicas como mentales, son vastas. Incluso una sola persona puede experimentar múltiples desencadenantes”.

Una vez identificada la fuente, se pueden tomar medidas intencionales: establecer límites, mejorar los hábitos de sueño, buscar apoyo o hacer cambios en el estilo de vida. “La conciencia es importante, pero el cambio significativo a menudo requiere acción”, concluye Glowiak.

Así que si eres mujer o adulto joven y sientes que la fatiga te está ganando, no lo ignores. Escucha a tu cuerpo, busca ayuda y toma el control de tu bienestar.

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Por Editor

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