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En su libro Tumbar la blanquitud. Ensayos urgentes sobre raza y colonialidad (Descontrol, 2024), la antropóloga María Ignacia Ibarra Eliessetch nos invita a una reflexión profunda sobre el racismo y la colonialidad desde una perspectiva que incomoda y estimula. La autora, activista feminista decolonial y doctora en antropología por la Universidad de Barcelona, ha trabajado en Chile, México y Cataluña, y en esta entrevista nos comparte las claves de su obra.

¿Por qué ‘Tumbar la blanquitud’?

Ibarra explica que el libro nace de una incomodidad personal: al trabajar con pueblos originarios, sintió que debía cambiar el foco hacia los blancos y las estructuras que perpetúan la opresión. Inspirada por frases de Ochy Curiel y Yásnaya Aguilar, decidió ‘voltear la cámara etnográfica’ para analizar la blanquitud como identidad racial opresora.

Colonialidad del ser, saber y poder

La autora desglosa cómo el colonialismo no es solo un hecho histórico, sino un sistema vigente que opera a través de la colonialidad del ser (racialización), del saber (imposición de conocimientos occidentales) y del poder (control de territorios y recursos). También aborda la colonialidad cosmogónica, que desprecia las espiritualidades no hegemónicas y justifica el racismo ambiental.

Interseccionalidad y feminismo blanco

Ibarra critica cómo la interseccionalidad ha sido ‘blanqueada’ y malinterpretada, y señala que el feminismo hegemónico a menudo universaliza la experiencia femenina ignorando las diferencias raciales y de clase. ‘La centralidad del género ha permitido procesos de imperialismo y colonización’, afirma, y llama a asumir responsabilidades históricas para construir alianzas antirracistas.

Lengua y migración

En el contexto catalán, la autora reflexiona sobre cómo la lengua puede ser un puente o una barrera, y destaca la importancia de la regularización migratoria como un paso hacia derechos básicos. ‘Necesitamos que se cedan los privilegios’, dice, celebrando el logro del movimiento Regularización Ya.

Un llamado a la acción

El libro, que ya tiene una edición en México con prólogo de Ochy Curiel, es una invitación a cuestionar nuestros lugares de enunciación y a traicionar los privilegios blancos. Como dice Ibarra: ‘Hay que seguir con el problema, no desplazarlo’.

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Por Editor

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